El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, rechazó este martes las preocupaciones del Congreso sobre el agotamiento de las reservas de munición, calificándolas de «ridículamente exageradas», durante las audiencias celebradas ante el Subcomité de Asignaciones de Defensa de la Cámara de Representantes. Las comparecencias, que también contaron con la participación del presidente del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, examinaron la propuesta del presidente de un presupuesto militar histórico de 1,5 billones de dólares (unos 1,38 billones de euros), un incremento de casi 500.000 millones respecto al año anterior.

La negativa de Hegseth

Hegseth afirmó que «sabemos exactamente lo que tenemos. Tenemos suficiente de lo que necesitamos» y añadió que «cualquier munición que estemos usando, sabemos qué estamos sacrificando para preservar capacidades, de modo que tengamos la máxima opcionalidad en todo el mundo, y la tenemos». El secretario subrayó que «al final, tenemos toda la munición necesaria para ejecutar lo que necesitamos ejecutar, y vamos a asegurarnos de potenciar eso de cara al futuro».

Según fuentes de la audiencia, Hegseth insistió en que la caracterización de que las reservas están agotadas no es correcta, pese a que analistas independientes coinciden con el Pentágono en que los inventarios de ciertos proyectiles se han reducido significativamente tras los conflictos recientes.

Falta de justificación estratégica

Las audiencias, sin embargo, no lograron ofrecer una justificación estratégica clara para el incremento presupuestario. Los críticos señalaron la ausencia de una «amenaza real» que respalde el gasto, a diferencia de épocas anteriores, donde el «peligro soviético» o la «guerra contra el terrorismo» sirvieron de coartada para aumentos similares.

El senador Richard Blumenthal, miembro del Comité de Asignaciones del Senado, preguntó directamente a Hegseth cómo se justifica un aumento de medio billón de dólares sin un enemigo identificado. El secretario evitó dar una respuesta concreta y se limitó a defender la necesidad de «modernizar las fuerzas» ante «desafíos globales complejos». La falta de una amenaza concreta ha suscitado dudas tanto entre legisladores republicanos como demócratas sobre la eficiencia del gasto bélico.