El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, ha anunciado una revisión del despliegue de fuerzas estadounidenses en Europa, al tiempo que ha lanzado duras críticas contra algunos aliados de la OTAN. El movimiento, enmarcado en la nueva estrategia de la administración Trump, busca re-evaluar los niveles de tropas en el continente y refleja las crecientes tensiones dentro de la Alianza.
Una señal de descontento con los socios europeos
En sus declaraciones, Hegseth ha señalado que la revisión pretende ajustar la presencia militar estadounidense a las nuevas realidades geopolíticas y a las contribuciones de los aliados. Aunque no se han especificado cifras concretas de tropas afectadas, el anuncio supone un giro respecto al compromiso mantenido durante la administración Biden. La Casa Blanca ha defendido en privado que Washington no puede seguir asumiendo un coste desproporcionado en la defensa del flanco oriental de Europa, según fuentes del Pentágono citadas por la prensa estadounidense.
No todos los aliados están cumpliendo con sus compromisos de gasto en defensa, y es hora de que rindan cuentas. Esta revisión evaluará qué presencia es realmente necesaria para nuestros intereses de seguridad nacional.
Las palabras de Hegseth han provocado reacciones encontradas entre los socios europeos. Varios países del flanco este, como Polonia y los Estados bálticos, han expresado su preocupación ante un posible repliegue que podría debilitar la disuasión frente a Rusia. Bruselas, por su parte, ha evitado pronunciarse oficialmente, aunque fuentes diplomáticas señalan que la UE sigue comprometida a aumentar su gasto en defensa, tal como acordó en la cumbre de la OTAN de 2024.
La revisión del despliegue es el primer anuncio significativo de Hegseth desde que asumió el cargo, y se produce en un momento en que las relaciones entre Washington y algunos de sus aliados europeos atraviesan su punto más bajo en décadas. El presidente Trump ha mantenido una retórica crítica con la OTAN desde su primer mandato, y esta medida podría ser el preludio de una reducción unilateral de la presencia militar estadounidense en el continente, por debajo de los aproximadamente 100.000 efectivos que se estima que hay actualmente.




