Las pandillas que operan en Haití han casi triplicado el reclutamiento de niños durante 2025 en comparación con años anteriores, según informes de organismos internacionales y organizaciones de derechos humanos. La crisis de seguridad y la debilidad institucional agravan la captación forzada de menores, que son utilizados como combatientes, mensajeros o en tareas logísticas.

El aumento del reclutamiento infantil coincide con el despliegue este año de una nueva fuerza de seguridad respaldada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que busca restablecer el orden en el país caribeño. Sin embargo, para los miles de niños ya atrapados en grupos armados, el camino hacia un futuro estable sigue siendo incierto, según alertan expertos locales.

El reclutamiento de menores se ha convertido en una de las principales violaciones de derechos humanos en Haití. Las pandillas, que controlan amplias zonas de la capital, Puerto Príncipe, y otras regiones, aprovechan la vulnerabilidad de las familias desplazadas por la violencia y la pobreza extrema para engrosar sus filas.

Los niños son reclutados a la fuerza en sus comunidades, a menudo mediante amenazas contra sus familias, y luego son entrenados para manejar armas y participar en ataques, según denuncian organizaciones como Save the Children y Human Rights Watch.

La Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad en Haití (MSS, por sus siglas en inglés), liderada por Kenia y respaldada por la ONU, comenzó su despliegue en 2025. Aunque ha logrado algunos avances tácticos, la falta de recursos y el limitado control territorial dificultan proteger a la infancia.

El aumento del 200% en el reclutamiento infantil refleja la profundización de la crisis humanitaria. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) estima que al menos un 30% de los miembros de las pandillas son menores de 18 años, una cifra que no deja de crecer.

La comunidad internacional, incluida la Unión Europea, ha expresado su preocupación, pero los fondos para programas de desmovilización y reintegración siguen siendo insuficientes. Mientras tanto, los niños haitianos atrapados en el fuego cruzado pagan el precio más alto.