Seis meses después del golpe de Estado del 26 de noviembre de 2025, Guinea-Bissau vive bajo el férreo control del general Horta N’Tam. La oposición se encuentra vigilada, los medios de comunicación silenciados y el calendario electoral sigue siendo incierto, según han señalado fuentes de seguridad regionales y organizaciones de derechos humanos.
La crisis política en este pequeño país de África Occidental tiene implicaciones directas para la seguridad del Sahel y para los intereses españoles en la región. España mantiene presencia diplomática y cooperación en la zona, y cualquier desestabilización puede afectar a las rutas migratorias y a la lucha contra el terrorismo yihadista en el Sahel.
El golpe de Estado del pasado noviembre fue el último de una larga serie de quiebras institucionales en Guinea-Bissau, un país habituado a la inestabilidad política desde su independencia. El general Horta N’Tam, que ya había ejercido un papel clave en anteriores crisis, tomó el poder tras una breve pero violenta confrontación con las fuerzas leales al anterior presidente, Umaro Sissoco Embaló, que se exilió tras el golpe.
Desde entonces, el nuevo régimen ha ido consolidando su control. Los partidos de la oposición han denunciado la prohibición de reuniones públicas y el acoso a sus dirigentes. Varios periodistas independientes han abandonado el país ante las amenazas, y los medios afines al gobierno son los únicos que operan con libertad. La comunidad internacional, a través de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) y la Unión Africana, ha condenado el golpe y exige la restauración del orden constitucional, pero las sanciones económicas aprobadas no han logrado cambiar la situación sobre el terreno.
Para España y la Unión Europea, la evolución de Guinea-Bissau es motivo de seguimiento prioritario. El país se ha convertido en un punto de tránsito para la migración irregular hacia las islas Canarias, y la falta de control estatal favorece la presencia de grupos yihadistas afiliados al Estado Islámico y a Al Qaeda en el Magreb Islámico, que operan en el Sahel. Cualquier vacío de poder en Bissau podría reforzar estas redes y disparar la presión migratoria y la amenaza terrorista sobre el sur de Europa.
El gobierno de Horta N’Tam, por su parte, asegura que mantendrá el poder hasta la celebración de unas elecciones que promete para 2027, aunque sin concretar fechas ni condiciones. La oposición y los analistas dudan de que los comicios puedan celebrarse en un clima de libertad mientras el Ejército controle todas las instituciones.




