El Gobierno de Gabón, presidido por Brice Oligui Nguema, ha puesto en marcha una ambiciosa estrategia para alcanzar la soberanía alimentaria y diversificar una economía históricamente dependiente del petróleo. La iniciativa, anunciada el 25 de mayo de 2026, impulsa sectores como la agricultura, la minería y la construcción como nuevos motores de crecimiento.
Desde la llegada de Oligui Nguema al poder, el país centroafricano se ha fijado el objetivo de producir lo que consume y reducir su fuerte dependencia de las importaciones de alimentos, que tradicionalmente han supuesto una sangría de divisas y una vulnerabilidad frente a la volatilidad de los precios del crudo.
Un plan integral para el desarrollo rural
La estrategia, según fuentes del Ministerio de Agricultura, contempla la modernización de las explotaciones agrarias, la mejora de las infraestructuras de riego y almacenamiento, y la promoción de cultivos estratégicos como la yuca, el plátano o el maíz. También se prevén incentivos fiscales para atraer inversión privada al campo y la creación de cooperativas que faciliten el acceso a crédito y tecnología a los pequeños agricultores.
Paralelamente, el Ejecutivo gabonés ha identificado la minería y el sector de la construcción como palancas complementarias para generar empleo y riqueza, en un contexto en el que la producción de petróleo, columna vertebral de la economía durante décadas, muestra signos de estancamiento.
El contexto geopolítico: competencia en África
La carrera por la soberanía alimentaria en Gabón se inscribe en un escenario regional donde actores como Marruecos y Francia ya han consolidado posiciones de ventaja. Rabat ha desplegado una agresiva diplomacia agrícola en África Occidental, mientras que París mantiene fuertes lazos comerciales y de inversión con sus antiguas colonias. Para España, el movimiento gabonés supone una referencia estratégica, ya que afecta a sus propios intereses en la región, tanto en términos de reindustrialización como de dependencia alimentaria.
El desafío para Libreville es mayúsculo: transformar un modelo extractivo en uno productivo y sostenible, en un país con una de las tasas de urbanización más altas del continente y una población joven que demanda oportunidades. El éxito de esta apuesta podría convertir a Gabón en un polo de estabilidad y desarrollo en el África Central, mientras que un fracaso prolongaría su vulnerabilidad externa.




