La cooperación en seguridad regional entre Marruecos y Francia vive un momento de especial dinamismo desde la visita de Estado del presidente Emmanuel Macron en octubre de 2024. Los encuentros con el rey Mohamed VI han dado lugar a una alianza reforzada que, según analistas, consolida la influencia de ambos países en el Magreb y el Sahel, al tiempo que margina a España como actor relevante en la zona.

Según fuentes diplomáticas marroquíes, el ritmo de intercambios entre Rabat y París se ha intensificado notablemente en los últimos meses, con reuniones periódicas de ministros y responsables de seguridad. La alianza se enmarca en la Iniciativa Real Marroquí para el Atlántico, que busca estabilizar la región mediante proyectos de desarrollo y cooperación antiterrorista.

Un giro estratégico que deja fuera a España

La sintonía entre Macron y Mohamed VI contrasta con los recientes desencuentros entre España y Marruecos, especialmente en torno a la soberanía del Sáhara Occidental. Mientras París ha respaldado abiertamente el plan de autonomía marroquí, el Gobierno español mantiene una posición ambigua que, según expertos, ha debilitado su influencia en la región.

En el Sahel, la colaboración franco-marroquí se traduce en operaciones conjuntas de inteligencia y en la formación de fuerzas locales, un ámbito en el que España apenas tiene presencia. El relevo de las tropas francesas por fuerzas locales, anunciado por Macron, ha sido acompañado de una estrecha cooperación con Rabat, que actúa como interlocutor privilegiado ante los países del G5 Sahel.

La alianza entre Marruecos y Francia es un eje central para la seguridad del Mediterráneo occidental y el Sahel. España, por su parte, ha quedado al margen de las principales iniciativas.

Los motivos del distanciamiento español

Varios factores explican la pérdida de peso de España en la región. Por un lado, la dependencia energética del gas argelino ha condicionado su política exterior, mientras que Marruecos ha sabido diversificar sus alianzas. Por otro, la falta de una posición clara sobre el Sáhara ha restado credibilidad a Madrid frente a Rabat.

Desde octubre de 2024, Francia ha multiplicado los gestos hacia Marruecos: inversiones en energías renovables, apoyo en foros internacionales y acuerdos de defensa. El último hito fue la firma de un acuerdo para la compra de 200 vehículos blindados de fabricación francesa por parte del Ejército marroquí, según informó el Ministerio de Defensa de Marruecos.

La situación deja a España en una posición incómoda, al ver reducida su capacidad de influir en dos regiones clave para su seguridad inmediata. La pregunta que se hacen los analistas es si el Gobierno español reaccionará reforzando su presencia diplomática o si, por el contrario, la tendencia continuará consolidándose en los próximos años.