Los gobiernos de Francia y Marruecos han anunciado este 17 de julio de 2026 un ambicioso proyecto de interconexión eléctrica transmediterránea, un «power link» que combina objetivos de transición energética con una clara dimensión geopolítica. La iniciativa, aún en fase de definición, busca tender un cable submarino de alta tensión que conecte directamente la red francesa con la marroquí, atravesando el Mediterráneo occidental.
Una alianza energética estratégica
El anuncio se produce en un contexto en el que Marruecos aspira a convertirse en un hub regional de energías renovables, especialmente solar y eólica, con vistas a exportar electricidad limpia hacia Europa. Francia, por su parte, se posiciona como la puerta de entrada de esa electricidad norteafricana al continente, reforzando su papel de bisagra energética entre ambas orillas.
El proyecto supone un espaldarazo a la alianza franco-marroquí en materia energética, que ya cuenta con otros frentes de cooperación, como la planta termosolar Noor en Ouarzazate o la participación de empresas francesas en el desarrollo eólico marroquí. La interconexión eléctrica permitiría diversificar las fuentes de suministro de ambos países y reducir la dependencia de los combustibles fósiles.
Implicaciones para España y el Magreb
El corredor submarino planeado —que aún no tiene cifras oficiales de capacidad ni presupuesto— compite directamente con la ruta actual de interconexión eléctrica entre Marruecos y España, que ya opera a través de dos enlaces submarinos en el estrecho de Gibraltar (de 600 y 700 MW). En 2024, España y Marruecos renovaron su acuerdo de interconexión para elevar la capacidad conjunta hasta los 1.400 MW, un objetivo aún en desarrollo.
La apuesta bilateral franco-marroquí sitúa a Francia como un actor central en la futura geografía de los flujos energéticos del Mediterráneo, y deja a España en una posición ambivalente: por un lado, vecino y socio de Marruecos con intereses energéticos compartidos; por otro, posible competidor en la conexión de la electricidad magrebí con el mercado europeo. París, históricamente menos activa que Madrid en las interconexiones con el Magreb, da ahora un paso adelante con un proyecto directamente bilateral.
La interconexión eléctrica Francia-Marruecos combina geopolítica energética y transición verde; París y Rabat navegan entre los intereses corporativos y la necesidad de descarbonización, según fuentes cercanas al proyecto.
La iniciativa se enmarca también en la estrategia marroquí de convertirse en un hub energético regional, no solo para Europa sino también para el Sahel y el África occidental. Rabat ha multiplicado los acuerdos con empresas internacionales —francesas entre ellas— para desarrollar proyectos renovables y de hidrógeno verde.
Por parte francesa, el proyecto refuerza la presencia de las grandes compañías energéticas del país —EDF, Engie y TotalEnergies— en el Norte de África, al tiempo que ofrece a Francia una fuente de electricidad renovable a precios competitivos, clave para cumplir sus objetivos climáticos sin depender exclusivamente de su parque nuclear.
La materialización del cable submarino requerirá años de estudios técnicos, permisos medioambientales y financiación. Pero su mero anuncio cambia ya el tablero energético del Mediterráneo occidental, con repercusiones directas para España, que comparte con Marruecos frontera marítima y terrestre, y para el conjunto de la Unión Europea, interesada en diversificar sus fuentes de energía limpia.




