El Gobierno francés ha prohibido la entrada en el país al ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, en una escalada de la tensión diplomática entre ambos países. La decisión, anunciada el sábado por el ministro de Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, responde al trato dispensado por el dirigente de extrema derecha a activistas de la flotilla Sumud, que intentaba romper el bloqueo israelí sobre la Franja de Gaza.

El veto se produce después de que Ben-Gvir difundiera un vídeo en el que aparecía burlándose de los activistas, que se encontraban atados y arrodillados tras ser detenidos por las Fuerzas Armadas israelíes. Las imágenes provocaron una oleada de condenas internacionales y llevaron a Francia a tomar una medida sin precedentes contra un alto cargo del Gobierno israelí.

Ben-Gvir, conocido por sus posiciones ultranacionalistas y su historial de declaraciones incendiarias contra los palestinos, ha sido objeto de diversas sanciones simbólicas en el pasado, pero esta es la primera vez que un país europeo de la relevancia de Francia le impide la entrada. La decisión francesa refleja el creciente malestar en la Unión Europea ante las políticas del ejecutivo de Benjamin Netanyahu en los territorios ocupados.

Reacciones y contexto diplomático

El Ministerio de Exteriores israelí no ha emitido aún una respuesta oficial, aunque fuentes próximas al Gobierno israelí calificaron la medida de «desproporcionada» y «contraria al espíritu de cooperación entre aliados», según informaron medios israelíes. Por su parte, el Elíseo defendió la decisión como un gesto de coherencia con los valores europeos y el respeto al derecho humanitario internacional.

La flotilla Sumud —cuyo nombre significa «resistencia» en árabe— intentaba llevar ayuda humanitaria a Gaza desafiando el bloqueo marítimo impuesto por Israel desde 2007. Las autoridades israelíes interceptaron la embarcación y detuvieron a sus ocupantes, que posteriormente fueron deportados. La actuación de Ben-Gvir, grabada durante la operación, ha sido calificada por organizaciones de derechos humanos como «humillante» y «contraria a las normas mínimas de trato a detenidos».

El veto de Francia añade un nuevo frente de fricción en las relaciones entre Israel y la UE, que ya se enfrentan por la expansión de asentamientos en Cisjordania y la falta de avances hacia una solución de dos Estados. La medida podría sentar un precedente para otros países europeos que estudian sanciones similares contra miembros del Gobierno israelí.