Marruecos se ha consolidado como el primer país de origen de estudiantes extranjeros en Francia, una posición que refleja tanto la fortaleza de la oferta educativa francesa como la creciente competencia que España libra para atraer talento magrebí. Cada año, miles de jóvenes marroquíes eligen Francia para cursar estudios superiores, un fenómeno que responde a factores académicos, lingüísticos y administrativos.
Según datos de Campus France, el organismo público francés encargado de la promoción de la educación superior gala en el extranjero, Marruecos encabeza desde hace años la lista de nacionalidades de estudiantes foráneos en Francia. La cercanía cultural, el dominio del francés entre las élites marroquíes y la existencia de programas de cooperación bilateral facilitan este flujo, que supera con creces al de otros países del Magreb y del África subsahariana.
Las claves del éxito marroquí
Guillaume Marceny, director de Campus France en Marruecos, explicó en una entrevista que el papel de la institución va más allá del mero trámite administrativo. «Campus France Maroc es a menudo percibido como un paso administrativo obligatorio, pero nuestro rol es acompañar al estudiante en todo su proyecto de movilidad», señaló. El directivo destacó que la oficina en Rabat organiza ferias de orientación, asesoramiento personalizado y facilita el acceso a la oferta universitaria francesa, que abarca desde las grandes écoles hasta las universidades públicas.
Para las familias marroquíes, Francia representa una puerta de entrada a un sistema educativo de prestigio internacional, con títulos reconocidos en todo el mundo. Además, la red de exalumnos marroquíes en Francia —una de las más numerosas entre las comunidades extranjeras— funciona como un imán para las nuevas generaciones. «La comunidad de estudiantes marroquíes ya instalada en Francia es un factor de atracción enorme», añadió Marceny.
El desafío para España
Mientras Francia capitaliza esta ventaja histórica, España compite en desventaja. Aunque ambos países comparten un interés creciente por captar estudiantes marroquíes —motivado por el envejecimiento demográfico europeo y la necesidad de talento cualificado—, la balanza se inclina claramente hacia el norte de los Pirineos. Menos de 10.000 estudiantes marroquíes eligen España cada año, frente a las decenas de miles que optan por Francia. La barrera idiomática —el español no está tan extendido como el francés entre los estudiantes marroquíes— y la menor proyección internacional de muchas universidades españolas explican en parte esta diferencia.
El Gobierno español ha intensificado en los últimos años los acuerdos de cooperación educativa con Marruecos, pero los resultados aún son modestos. Francia destina más recursos a becas y promoción universitaria en el país magrebí que España, según fuentes del Ministerio de Educación marroquí consultadas por este periódico. Además, la política de visados española sigue siendo percibida como más restrictiva que la francesa para los estudiantes marroquíes.
La comunidad de estudiantes marroquíes ya instalada en Francia es un factor de atracción enorme.
Mientras tanto, Francia refuerza su apuesta. Campus France ha abierto nuevas oficinas de información en ciudades del interior de Marruecos, como Fez y Marrakech, para descentralizar la captación. La estrategia parece dar frutos: las solicitudes de visado de estudiante marroquí para Francia crecieron un 12% en el último año, según datos de la Embajada gala en Rabat.
El balance para España es agridulce. El país comparte con Francia el objetivo de atraer a los mejores estudiantes marroquíes, pero la ejecución y los resultados son muy dispares. La movilidad estudiantil se ha convertido en un termómetro de la influencia educativa y, por extensión, geopolítica de los países europeos en el norte de África. Y por ahora, el termómetro marca claramente a favor de Francia.




