El ministro de Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, ha afirmado este jueves que el periodista deportivo Christophe Gleizes, detenido en Argel desde hace semanas, «va bien, malgré l’épreuve très douloureuse qu’il traverse» (va bien, a pesar de la muy dolorosa prueba que atraviesa). En declaraciones al telediario de France 2, Barrot evitó dar una fecha para su liberación, pero expresó su deseo de que «pueda reincorporarse al mundo de la prensa y del deporte».

El caso ha tensado aún más las relaciones bilaterales entre Francia y Argelia, dos países que compiten por la influencia en el Sahel y el Mediterráneo. Francia no ha ocultado su malestar por la detención, que considera desproporcionada, y ha intensificado las gestiones diplomáticas para lograr la excarcelación del periodista. Argelia, por su parte, no ha ofrecido detalles sobre los cargos ni el proceso judicial.

Un caso con repercusión regional

La detención de Gleizes se produce en un contexto de creciente rivalidad franco-argelina por el control de las rutas migratorias y la lucha contra el yihadismo en el Sahel. Para España, vecina de ambos países, la evolución del caso es relevante: cualquier deterioro de la relación entre París y Argel podría alterar los equilibrios en el Magreb y afectar a la seguridad en el sur de Europa. Fuentes diplomáticas españolas siguen con atención el desenlace, aunque el Gobierno ha evitado pronunciarse directamente sobre el arresto.

Christophe Gleizes, conocido por su labor como comentarista en medios franceses, fue detenido en Argel por razones que aún no se han esclarecido oficialmente. Su familia y sus colegas han denunciado la falta de transparencia y han pedido su liberación inmediata. El presidente francés, Emmanuel Macron, habría tratado el asunto en conversaciones telefónicas con su homólogo argelino, según reveló la semana pasada el Elíseo.

Mientras tanto, la comunidad periodística internacional ha mostrado su solidaridad con Gleizes. Reporteros Sin Fronteras ha calificado la detención de «arbitraria» y ha instado a las autoridades argelinas a «respetar la libertad de prensa». Francia confía en que la vía diplomática dé resultados a corto plazo, aunque no se descartan medidas de represalia si la situación se prolonga.