El occidente de Europa afronta desde este miércoles una ola de calor atípica para la estación primaveral, con temperaturas inusualmente altas que han llevado a las autoridades francesas a declarar la alerta naranja en 13 departamentos del oeste del país. El fenómeno, que todavía no tiene una duración estimada, está siendo analizado por los servicios meteorológicos nacionales.

Según explicó en France 24 la doctora en ciencias de la atmósfera Matilde Mónica Rusticucci, el episodio responde a una combinación de factores meteorológicos que se ven intensificados por el cambio climático. La especialista advirtió de que estas temperaturas prematuras no solo afectan al confort de la población, sino que tienen consecuencias directas sobre la agricultura, la salud pública y la demanda energética.

Los agricultores de la región temen daños en los cultivos de primavera, especialmente en frutales y viñedos, que podrían verse forzados a madurar antes de tiempo o sufrir estrés hídrico. Las autoridades sanitarias, por su parte, han recomendado a la población vulnerable, como ancianos y niños, que eviten la exposición al sol en las horas centrales del día y se mantengan hidratados.

La red eléctrica francesa ha activado los protocolos de vigilancia ante un posible repunte de la demanda por el uso de sistemas de refrigeración, aunque por ahora no se prevén cortes de suministro. La alerta naranja, el segundo nivel más alto en la escala de Météo-France, implica que las temperaturas pueden suponer un riesgo para la salud incluso en personas sanas si no se toman precauciones.

Los expertos consultados coinciden en que episodios como este serán cada vez más frecuentes e intensos si no se adoptan medidas drásticas de reducción de emisiones. La ola de calor llega apenas una semana después de que la Agencia Europea de Medio Ambiente publicara un informe en el que alertaba de que el continente se está calentando al doble de la media global.