Un número creciente de Estados africanos, entre ellos Senegal, Nigeria y Angola, están utilizando productos derivados conocidos como total return swaps para obtener financiación a menor coste. La estrategia preocupa al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a agencias de calificación como Moody’s y Fitch Ratings, que la consideran arriesgada por su capacidad de ocultar el endeudamiento real de los países.

Cómo funciona el mecanismo

Los total return swaps son contratos en los que una parte transfiere a otra el rendimiento total de un activo de referencia a cambio de un tipo de interés fijo. En la práctica, permiten a los gobiernos obtener liquidez sin que el préstamo figure como deuda en sus balances, lo que reduce la transparencia fiscal y dificulta la evaluación del riesgo soberano por parte de los inversores.

Según fuentes del FMI, este tipo de operaciones se está extendiendo entre países con dificultades de acceso a los mercados tradicionales. La agencia de calificación Moody’s ha señalado que la falta de datos precisos sobre estas exposiciones puede llevar a sorpresas negativas en la sostenibilidad de la deuda, mientras que Fitch Ratings advierte de que la opacidad incrementa la vulnerabilidad ante crisis de liquidez.

Impacto en la financiación y el riesgo regional

El recurso a estos derivados permite a los Estados africanos financiarse a tipos más bajos que los que ofrecerían los bonos soberanos convencionales, pero a costa de aumentar el riesgo sistémico. Los analistas consultados por medios internacionales explican que, al no registrarse como deuda pública, los swaps escapan a los límites de endeudamiento que muchos países se han fijado, lo que puede llevar a un sobreendeudamiento no detectado.

La preocupación del FMI se centra en que la acumulación de estas obligaciones ocultas podría desestabilizar las economías de la región si las condiciones financieras globales se endurecen. Senegal, Nigeria y Angola, aunque con perfiles económicos distintos, comparten una necesidad acuciante de inversión y un historial de volatilidad en sus ingresos, lo que los hace especialmente sensibles a los riesgos de estos instrumentos.

La comunidad inversora sigue de cerca la evolución de estas prácticas, que ya han sido objeto de advertencias por parte de reguladores en otras regiones. En África, la falta de marcos normativos sólidos dificulta la supervisión y podría dar lugar a nuevas crisis de deuda si los mercados pierden confianza en la transparencia de los Estados.