El cierre del estrecho de Ormuz, ruta clave para el transporte de petróleo, ha provocado un fuerte aumento de los precios de los combustibles en Filipinas, uno de los países más afectados por la crisis energética derivada del conflicto en Oriente Próximo. La población del archipiélago, que antes de la guerra importaba casi la totalidad de su crudo de la región, sufre desde marzo una escalada de los costes que ha llevado al Gobierno a declarar el estado de emergencia energética nacional.
Según informaron las autoridades filipinas, los precios de los combustibles se han duplicado desde el inicio del conflicto entre Israel y Estados Unidos contra Irán, que ha interrumpido el tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz. Esta vía estratégica, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial, permanece bloqueada desde finales de marzo, cuando Teherán intensificó sus operaciones militares en la zona.
Medidas de emergencia en Filipinas
El Gobierno filipino declaró el estado de emergencia energética nacional a finales de marzo, con el objetivo de racionar el combustible disponible y buscar fuentes alternativas de suministro. Sin embargo, las medidas adoptadas, como la liberalización temporal de importaciones y el fomento del uso de energías renovables, no han logrado contener la subida de precios. Algunos ciudadanos han responsabilizado al imperialismo estadounidense de la crisis, en un contexto de creciente descontento social.
El estrecho de Ormuz, que conecta el golfo Pérsico con el océano Índico, es la principal arteria para las exportaciones de crudo de Arabia Saudí, Irak, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos. Su cierre ha elevado los costes globales del combustible, con especial impacto en los países asiáticos que dependen casi por completo de las importaciones de Oriente Próximo, como es el caso de Filipinas.
La crisis energética filipina se suma a las dificultades económicas derivadas de la inflación global y las tensiones geopolíticas. Sin una perspectiva inmediata de reapertura del estrecho, el Gobierno de Manila se enfrenta al reto de garantizar el suministro de combustible para su población y su industria.




