El presidente senegalés, Bassirou Diomaye Faye, destituyó al primer ministro Ousmane Sonko el pasado 22 de mayo, fracturando una alianza política que durante doce años había sido la columna vertebral de la oposición y luego del Gobierno. La decisión, confirmada oficialmente esta semana, abre una crisis en la cúpula del Estado senegalés y tiene implicaciones para la estabilidad del Sahel y las relaciones con la UE, especialmente en materia de pesca y migración.

Ruptura de un tándem histórico

Sonko y Faye compartieron durante más de una década un proyecto político que los llevó del activismo callejero al palacio presidencial. Ambos encarnaron la esperanza de cambio en Senegal, pero las divergencias internas sobre la estrategia de Gobierno se han vuelto insalvables. Mientras Faye opta por un perfil más moderado y pragmático, Sonko defendía una línea revolucionaria y soberanista, plasmada en su reciente libro Continuer Fanon, publicado pocos días antes de su destitución.

Tras su cese, Sonko busca «incarnar una ligne révolutionnaire» que mantenga viva la ruptura radical con las antiguas élites, según fuentes próximas al ex primer ministro.

La prensa senegalesa califica el hecho como un «divorce fracassant» que pone fin a uno de los tándems más poderosos de la historia reciente del país. La ruptura se produce en un momento delicado: Senegal afronta desafíos económicos y de seguridad en el Sahel, y mantiene negociaciones clave con la Unión Europea sobre los acuerdos pesqueros y la gestión migratoria.

Implicaciones regionales

La salida de Sonko, figura con fuerte arraigo popular y discurso antimperialista, podría reavivar las tensiones políticas internas y debilitar la posición de Faye de cara a los compromisos internacionales. Analistas senegaleses advierten de que la crisis de liderazgo en Dakar puede tener repercusiones en la lucha contra el yihadismo en el Sahel y en la cooperación migratoria con Europa, donde Senegal es un socio clave para España.

Por ahora, el presidente Faye no ha anunciado sustituto para la jefatura de Gobierno, mientras Sonko rearma su discurso revolucionario desde la oposición. El país asiste a un terremoto político cuyas consecuencias se conocerán en las próximas semanas.