El senador republicano por Carolina del Sur Lindsey Graham ha fallecido este domingo a los 71 años víctima de un cáncer cerebral, según confirmó su oficina. Graham, que llevaba casi 25 años en el Senado, era una de las voces más influyentes en política exterior y un firme defensor del apoyo a Ucrania y a Israel.
La noticia ha provocado una oleada de reacciones en Washington y en el extranjero. El presidente Donald Trump calificó a Graham como «una de las mejores personas y senadores que he conocido», según un comunicado desde la Casa Blanca. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, declaró que «Lindsey entendía que la seguridad de Israel y la de Estados Unidos son inseparables. Israel ha perdido a uno de sus mejores amigos».
Graham, considerado el último gran exponente de la guerra fría en el Capitolio, regresaba precisamente de un viaje a Ucrania, donde había reiterado el compromiso estadounidense en la guerra contra Rusia. Su muerte plantea un vacío en el bloque de senadores partidarios de un intervencionismo activo, en un momento en que el respaldo a Kiev enfrenta crecientes divisiones en el Congreso.
Con casi un cuarto de siglo en el Senado, Graham deja un legado marcado por su defensa inquebrantable de la OTAN, su presión para aumentar el gasto militar y su cercanía con los sectores neoconservadores. Su última aparición pública fue en la base aérea de Ramstein, en Alemania, donde participó en una reunión del grupo de contacto para Ucrania. Fuentes de su entorno señalaron que el senador había sufrido un repentino empeoramiento de su estado de salud en los últimos días.




