Un exinvestigador de la Universidad de Míchigan, Chuan Wang, ha sido acusado por las autoridades estadounidenses de minimizar su papel en aplicaciones de visa, cuando en realidad era públicamente conocido en China por su trabajo en el desarrollo de drones militares. El caso, que se enmarca en la creciente rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China, ha sido calificado como un ejemplo de espionaje en el ámbito de la defensa.

Según los investigadores, Wang declaró cargos modestos en sus solicitudes de visa y no reveló su vinculación con programas militares chinos. Sin embargo, en medios chinos, su nombre aparecía asociado a proyectos de vehículos aéreos no tripulados de uso castrense. La oficina del fiscal federal ha abierto una investigación que podría derivar en cargos por omisión de información relevante.

El caso ha reavivado el debate sobre la transferencia de conocimiento tecnológico desde instituciones académicas estadounidenses hacia entidades militares extranjeras, especialmente en el sector de los drones, donde China ha realizado avances significativos en los últimos años. Según documentos judiciales citados por la prensa estadounidense, Wang podría enfrentarse a penas de hasta diez años de prisión si es declarado culpable de ocultar información relevante en sus trámites migratorios. La investigación, a cargo del FBI, forma parte de una ofensiva más amplia de Washington para frenar la fuga de tecnología sensible hacia China, en un contexto de tensiones por la propiedad intelectual y la seguridad nacional.

El caso de Wang no es aislado. En los últimos años, varias universidades estadounidenses han sido objeto de escrutinio por supuestos vínculos de sus investigadores con programas militares chinos, especialmente en áreas como la inteligencia artificial, los satélites y los sistemas de armas autónomas. La Universidad de Míchigan, por su parte, ha declinado hacer comentarios sobre el caso, aunque ha reiterado su compromiso con el cumplimiento de las leyes de inmigración y exportación de tecnología.