El ex alto funcionario de inteligencia estadounidense Norm Roule ha advertido de que el ataque con misiles balísticos lanzado por Irán contra Israel durante el fin de semana sitúa a Oriente Próximo «al borde» de un conflicto regional abierto. El análisis, difundido este lunes, subraya que la escalada tiene implicaciones directas para los servicios de inteligencia, las alianzas estratégicas y la estabilidad global.

Una escalada sin precedentes

El ataque iraní, que según fuentes militares israelíes alcanzó varias bases aéreas en el centro y sur del país sin causar víctimas mortales, representa un salto cualitativo en la confrontación entre ambos países. Roule, que dirigió programas de inteligencia sobre Irán durante más de dos décadas, señala que Teherán ha roto una línea roja al emplear misiles balísticos directamente contra territorio israelí, en lugar de recurrir a sus proxies regionales como Hezbolá o las milicias sirias.

Irán ha demostrado que está dispuesto a asumir riesgos militares directos, lo que cambia radicalmente el cálculo de disuasión en la región. La inteligencia israelí y estadounidense no anticiparon la magnitud de esta respuesta, lo que supone un fracaso de recogida de información.

El experto recuerda que el programa de misiles balísticos iraní ha sido tradicionalmente considerado como un elemento de disuasión estratégica, no como un arma de primer ataque. La decisión de usarlo contra Israel indica, según Roule, que la Guardia Revolucionaria iraní ha ganado influencia sobre los diplomáticos en la toma de decisiones en Teherán.

Implicaciones para la inteligencia y las alianzas

El ataque se produce en un contexto de fragilísimo alto el fuego en Gaza, que se mantiene desde enero, y de continuas interrupciones al tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz por parte de la Armada iraní. Roule advierte de que la respuesta israelí podría incluir ataques selectivos contra instalaciones nucleares iraníes, lo que desencadenaría una escalada imparable.

En el plano diplomático, el experto subraya que Washington se encuentra en una posición incómoda: «Presionar a Israel para que modere su respuesta podría leerse en Teherán como debilidad, pero una postura demasiado beligerante envalentonaría a la línea dura iraní«. La continuidad de las negociaciones nucleares, que habían mostrado avances en las últimas semanas, queda ahora en entredicho.

El análisis concluye que la región se enfrenta a la mayor prueba de estrés desde la guerra de 1973, con implicaciones globales para la seguridad energética y las rutas comerciales. Moscú y Pekín han llamado a la moderación, pero Roule sostiene que «el margen para la diplomacia se ha reducido drásticamente» tras el ataque iraní.