Europa está reescribiendo su arquitectura de seguridad a un ritmo acelerado. La agresión rusa, las crecientes dudas sobre el compromiso a largo plazo de Estados Unidos y la presión para asumir una mayor parte de su propia defensa han empujado a los Estados europeos a una carrera de rearme coordinado. Sin embargo, según un análisis publicado este miércoles, hay un ámbito que queda sistemáticamente excluido de esta nueva estrategia: el espacio.

Un dominio crítico sin coordinación

Mientras los países europeos incrementan el gasto militar conjunto, adquieren nuevos sistemas de armas y refuerzan la cooperación en tierra, mar y aire, el dominio espacial —considerado infraestructura de poder estatal— sigue fragmentado. Las agencias espaciales nacionales y la Unión Europea carecen de una hoja de ruta común para garantizar la seguridad de los activos en órbita, como satélites de comunicaciones, navegación y observación, que son esenciales tanto para la defensa como para la vida civil.

La paradoja, señala el informe, es que el espacio es cada vez más un escenario de competición estratégica. Rusia ha demostrado capacidad para interferir señales de satélite y China despliega sistemas de guerra antisatélite. Sin embargo, la respuesta europea sigue siendo eminentemente nacional, con programas como el francés Syracuse o el italiano SICRAL que no se integran en un esquema continental.

El vacío de coordinación espacial contrasta con el avance en otras áreas. Mientras los ministros de Defensa acuerdan compras conjuntas de munición y sistemas aéreos, el espacio ni siquiera aparece en la agenda de las cumbres de seguridad europea.

Para los analistas, la ausencia de una estrategia espacial común es una debilidad crítica. La dependencia europea de satélites estadounidenses para comunicaciones seguras y datos de inteligencia, combinada con la incertidumbre sobre el compromiso de Washington, deja al continente expuesto. Sin un marco integrado, Europa corre el riesgo de que sus capacidades espaciales queden descoordinadas o duplicadas, perdiendo eficiencia y soberanía.

Un reto para la autonomía estratégica

El concepto de autonomía estratégica europea, impulsado por Francia y otros Estados, choca así con una realidad: el espacio, el dominio que más ejemplifica la necesidad de soberanía tecnológica, sigue siendo el gran olvidado del rearme. La UE ha lanzado iniciativas como el programa de observación Copérnico o el sistema de navegación Galileo, pero su vinculación con la defensa es indirecta y no existe un paraguas político que integre estos activos en la planificación militar conjunta.

La presión del tiempo se añade al desafío. Mientras los ejércitos europeos reciben nuevo material con plazos de años, los satélites tienen ciclos de vida más largos, pero requieren decisiones estratégicas inmediatas para evitar obsolescencia. Sin un plan europeo para el espacio, la reestructuración de seguridad del continente queda incompleta, advierten los expertos.