Quince años después del fallido proyecto Desertec, Europa retoma la idea de importar energía solar desde el sur del Mediterráneo, con el Sahara argelino como epicentro. La Comisión Europea ha puesto sobre la mesa una iniciativa que, según fuentes comunitarias, cuenta con «un respaldo político firme y una lógica de beneficios mutuos».
El planteamiento, similar al de Desertec —un ambicioso plan de energías renovables en el norte de África que naufragó en la década pasada—, pretende aprovechar el enorme potencial solar del desierto argelino. «Una porción del único territorio argelino puede cubrir las necesidades energéticas de Europa», señalan desde Bruselas, en una declaración que subraya la magnitud del recurso disponible.
Una inversión de 25.000 millones
La Comisión Europea estima movilizar 25.000 millones de euros hasta 2035 para desarrollar la infraestructura necesaria, que incluiría plantas solares, sistemas de almacenamiento y líneas de transmisión submarina a través del Mediterráneo. El objetivo es reducir la dependencia energética del continente respecto a terceros proveedores, en un contexto de transición hacia fuentes renovables.
El resurgimiento del proyecto coincide con la creciente rivalidad entre Marruecos y Argelia, ambos con ambiciones de convertirse en socios energéticos de Europa. Mientras Marruecos ha avanzado en acuerdos con España y el Reino Unido para la exportación de hidrógeno verde, Argelia —con un potencial solar aún mayor— busca posicionarse como el gran proveedor de electricidad solar del continente.
Implicaciones para España
España, por su proximidad geográfica y su papel como puerta de entrada energética desde el norte de África, sería uno de los países más beneficiados —o expuestos— por el plan. La Comisión Europea no ha detallado aún los corredores concretos, pero las conexiones submarinas entre Argelia y la península ibérica son una opción técnica.
El proyecto Desertec original fracasó por falta de inversión, inestabilidad política en la región y la caída del precio de los paneles solares, que hizo más rentable la generación local en Europa. Esta vez, según Bruselas, el contexto es diferente: la urgencia climática, la necesidad de diversificar fuentes tras la crisis energética de 2022 y los avances tecnológicos podrían allanar el camino. No obstante, los riesgos geopolíticos —tensiones en el Magreb, dependencia de regímenes autoritarios— siguen sobre la mesa.




