El comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, ha reconocido este lunes que la industria de defensa de la Unión Europea no está creciendo al ritmo esperado, a pesar del incremento significativo del gasto militar por parte de los Estados miembros. La declaración, realizada en Bruselas, supone un jarro de agua fría para las aspiraciones de autonomía estratégica del bloque.

“Los países europeos no logran impulsar su industria de defensa”, admitió el comisario, en una comparecencia en la que subrayó la falta de eficiencia en la canalización de los fondos y la persistencia de cuellos de botella en la producción. La constatación llega en un momento en que la OTAN presiona a sus miembros europeos para que aumenten su capacidad militar y reduzcan la dependencia de Estados Unidos.

El problema, según fuentes de la Comisión, no es de volumen de inversión, sino de coordinación y fragmentación. Los 27 Estados miembros siguen operando con presupuestos de defensa nacionales que a menudo duplican esfuerzos y generan ineficiencias. La ausencia de una demanda agregada clara y la lentitud en los procesos de contratación pública lastran el desarrollo de una base industrial europea competitiva.

La advertencia de Kubilius se produce apenas unos meses después de que la UE lanzara la Estrategia Industrial de Defensa Europea, un plan dotado con miles de millones de euros para fomentar las compras conjuntas y la innovación. Sin embargo, la implementación está siendo más lenta de lo previsto, y los fabricantes europeos, como Airbus Defence o Rheinmetall, siguen enfrentándose a problemas de suministro de materias primas y componentes clave.

El reconocimiento público del fracaso parcial de la política de defensa comunitaria abre un debate interno en la UE sobre la necesidad de reformas más profundas, que podrían incluir la creación de un mercado único de defensa o la armonización de los requisitos militares entre Estados miembros.