Un análisis del especialista Christophe Bosquillon, publicado por SpaceWatch.GLOBAL, señala que la Fuerza Espacial de Estados Unidos está ampliando su ámbito de actuación más allá de la órbita geoestacionaria (GEO) para adentrarse en el espacio cislunar, la región comprendida entre la Tierra y la Luna. Según el autor, este movimiento plantea interrogantes de calado para Europa sobre su soberanía, capacidad industrial y cooperación en defensa.
El estudio, titulado «Ally by Design Part 2: What America’s Cislunar Ambitions Mean for Europe», sostiene que Washington está dando pasos decididos para establecer una presencia militar y económica en el entorno lunar, un dominio que hasta ahora había permanecido relativamente libre de rivalidades estratégicas. En opinión de Bosquillon, Europa corre el riesgo de quedar relegada a un papel secundario en la emergente economía Tierra-Luna si no desarrolla una política espacial propia robusta.
Un nuevo frente de competición estratégica
El análisis indica que la expansión de la Fuerza Espacial hacia el espacio cislunar responde, según Bosquillon, a la necesidad de proteger los activos estadounidenses y de sus aliados frente a amenazas potenciales, principalmente de China y Rusia. Ambos países han mostrado interés creciente en la exploración y explotación de recursos lunares. Bosquillon sostiene que la estrategia estadounidense busca disuadir cualquier intento de negación del acceso al espacio cislunar, un concepto que, según el autor, recuerda a la doctrina de control marítimo.
Para Europa, según el análisis, la disyuntiva es doble: o se alinea plenamente con los planes de Washington, aceptando un marco de interoperabilidad que podría limitar su autonomía, o impulsa una capacidad espacial independiente, lo que exigiría inversiones multimillonarias y una coordinación política sin precedentes entre los Estados miembros de la UE y la Agencia Espacial Europea.
Implicaciones para la industria y la defensa europeas
El autor subraya que la industria espacial europea —con actores como Airbus, Thales Alenia Space o ArianeGroup— aún está lejos de poder competir en el segmento cislunar sin un respaldo público decidido. Además, la dependencia tecnológica de componentes estadounidenses en muchos programas europeos podría convertirse, según Bosquillon, en un factor de vulnerabilidad estratégica si Washington impone restricciones de acceso.
Bosquillon concluye que el debate sobre el papel de Europa en el espacio cislunar debe abordarse con urgencia, antes de que las decisiones unilaterales de Estados Unidos consoliden un nuevo orden espacial en el que, en su opinión, los aliados europeos queden subordinados. El análisis se enmarca en una serie que examina la evolución de las alianzas en el ámbito espacial y sus efectos geopolíticos.




