Etiopía celebra elecciones generales en mayo de 2026 en un contexto de profunda crisis política y tensiones étnico-regionales. Los comicios se desarrollan bajo la sombra de la exclusión de la región de Tigray, donde no se vota, y de una represión sistemática contra la oposición. Analistas advierten del riesgo de que el proceso electoral desencadene un conflicto armado de mayor escala en el Cuerno de África.

Tigray, fuera del proceso electoral

La región septentrional de Tigray, escenario de una guerra civil entre 2020 y 2022 que causó decenas de miles de muertos, queda al margen de los comicios. El Gobierno central, dirigido por el primer ministro Abiy Ahmed, no ha alcanzado un acuerdo con las autoridades tigrayanas para permitir la votación. La exclusión alimenta el descontento entre la población tigrayana y abre la puerta a una nueva escalada bélica en la zona.

No hay ingredientes que lleven a una intensificación del conflicto a corto plazo, pero el riesgo de un estallido regional es real si se ignora a Tigray durante mucho tiempo, según expertos consultados por medios internacionales.

Opresión contra la oposición

En el resto del país, la celebración de las elecciones se produce en un clima de fuerte presión gubernamental contra formaciones políticas críticas. Varios líderes opositores permanecen detenidos o bajo arresto domiciliario, y los medios independientes han sufrido restricciones informativas. Organizaciones de derechos humanos denuncian que la votación carece de las condiciones mínimas de libertad y transparencia.

El Gobierno etíope defiende que los comicios son un paso necesario para consolidar la estabilidad tras años de violencia, pero la comunidad internacional observa con preocupación el riesgo de un conflicto regional que afecte a vecinos como Sudán, Somalia y Eritrea, y que podría incrementar los flujos migratorios hacia Europa.