La cooperación militar entre Francia y Alemania ha sufrido un duro revés. Según fuentes del Ministerio de Defensa alemán, el programa de caza de sexta generación FCAS (Future Combat Air System) ha sido cancelado definitivamente, y el desarrollo del carro de combate MGCS (Main Ground Combat System) se encuentra en estado crítico, al borde de la ruptura. Ambos proyectos, considerados emblemáticos de la defensa europea, han naufragado por las divergencias industriales y estratégicas entre Berlín y París.

FCAS: un programa roto por intereses nacionales

El FCAS, en el que España participa como socio industrial a través de Indra, llevaba meses estancado por discrepancias sobre la distribución de cargas de trabajo y la propiedad intelectual. Alemania presionaba para que Airbus asumiera el liderazgo del sistema de combate aéreo, mientras Francia defendía el protagonismo de Dassault Aviation. La negativa de París a ceder soberanía tecnológica ha terminado por dinamitar el proyecto. Airbus Defence and Space y Dassault han emitido un comunicado conjunto en el que reconocen la imposibilidad de alcanzar un acuerdo.

La crisis del MGCS y el peso de la industria

El futuro del tanque MGCS presenta un panorama similar. El programa, destinado a sustituir al Leopard 2 alemán y al Leclerc francés, enfrenta una pugna entre KNDS (empresa franco-alemana) y el fabricante alemán Rheinmetall. Francia exige que KNDS lidere el desarrollo, pero Berlín no quiere excluir a Rheinmetall, un peso pesado de la industria alemana. Las negociaciones están rotas desde principios de junio y no hay fecha para retomarlas.

Un aviso para la defensa europea

El fracaso de ambos programas trasciende lo industrial. Según analistas del Instituto de Estudios Estratégicos de París, las divisiones entre los dos motores de la UE debilitan la credibilidad de la defensa común. España, que confiaba en el FCAS como pilar de su futuro aéreo, se queda ahora sin alternativa europea. El Ministerio de Defensa español ha declinado hacer declaraciones, aunque fuentes del departamento admiten que la situación es «preocupante». Mientras, países como Reino Unido (con el Tempest) o Turquía (con el Kaan) avanzan en sus propios programas de caza.

La crisis del FCAS y del MGCS demuestra que los intereses nacionales y la autonomía estratégica de cada país pesan más que los discursos sobre soberanía europea compartida.