La Armada española ampliará su flota de cazabombarderos AV-8B Harrier II con la adquisición de cinco aeronaves adicionales procedentes de Estados Unidos, según ha anunciado este miércoles la Flota de Aeronaves (FLOAN). La decisión evidencia las dificultades del Ministerio de Defensa para modernizar la aviación naval, ante el estancamiento del programa FCAS (Futuro Sistema Aéreo de Combate) y las restricciones presupuestarias que impiden optar al F-35B estadounidense.

Una flota veterana que se refuerza a falta de relevo

Los AV-8B Harrier II son aeronaves de despegue corto y aterrizaje vertical (V/STOL) que operan desde el buque de proyección estratégica Juan Carlos I. La flota actual, compuesta por trece unidades, data de finales de los años 90 y principios de los 2000, y ha sido sometida a sucesivas modernizaciones para mantener su capacidad. Con la incorporación de cinco unidades, la Armada elevará a 18 el número total de cazabombarderos, sin que se hayan detallado ni el coste total ni el calendario de entrega.

El relevo generacional, bloqueado

La compra refleja la parálisis del proceso de sustitución de los Harrier por un modelo más moderno. El programa FCAS, en el que España participa con Francia y Alemania, no contempla una variante naval con capacidad V/STOL a corto plazo. Además, fuentes del Ministerio de Defensa han señalado que las restricciones presupuestarias y la falta de consenso político han descartado la adquisición del F-35B, el caza furtivo de Lockheed Martin que sí opera desde portaviones y que es utilizado por la Marina de Estados Unidos, la Royal Navy y la Fuerza de Autodefensa Marítima de Japón.

La decisión supone, en la práctica, prolongar la vida útil de una plataforma diseñada en los años 60, lo que plantea interrogantes sobre la capacidad de la Armada para afrontar escenarios de combate de alta intensidad en las próximas décadas.