La candidata presidencial de Perú, Keiko Fujimori, mantiene una ventaja de menos de 2.000 votos sobre el izquierdista Roberto Sánchez, según el escrutinio del 98,27% de las actas de la segunda vuelta celebrada el 7 de junio. La exigua diferencia ha sumido al país en una situación de empate técnico que amenaza con prolongarse durante semanas.

Este viernes 12 de junio, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ha comenzado a revisar los votos impugnados mediante un recuento inicial que determinará el resultado final. Mientras tanto, Sánchez ha solicitado a Fujimori que se sume a una «revisión exhaustiva» de todo el proceso electoral, según declaraciones recogidas por medios locales. La izquierda peruana reclama un recuento total de los sufragios para garantizar la transparencia.

El pulso por la presidencia

La diferencia, inferior a 2.000 papeletas, convierte estas elecciones en las más ajustadas de la historia reciente de Perú. Fujimori, líder de Fuerza Popular, busca su tercer intento de llegar a la presidencia tras dos derrotas previas. Por su parte, Sánchez, candidato del partido de izquierda Nuevo Perú, ha centrado su campaña en promesas de cambio social y lucha contra la corrupción.

La incertidumbre electoral genera inquietud en los mercados y en la comunidad internacional. Perú, uno de los principales socios comerciales de España en la región, podría verse afectado por un estancamiento político que retrase inversiones y reformas clave. Empresas españolas como Telefónica, Repsol o BBVA tienen una presencia significativa en el país andino.

El JNE tiene un plazo legal de hasta 20 días hábiles para proclamar un ganador, aunque podría prolongarse si se presentan impugnaciones. Mientras tanto, ambos bandos movilizan a sus simpatizantes y mantienen la presión mediática. La izquierda, que ya denunció «irregularidades» en el proceso, amenaza con tomar las calles si no se atiende su petición de recuento total.