Perú celebró este 7 de junio de 2026 una reñida segunda vuelta electoral entre la candidata derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez. Con el escrutinio oficial aún en curso, las proyecciones de las consultoras apuntan a un empate técnico, lo que mantiene en vilo al país andino y a sus socios internacionales, entre ellos España, que sigue de cerca la definición del rumbo político de un socio iberoamericano clave.
La jornada transcurrió con normalidad, pero el recuento avanza lentamente. Ambos candidatos han dado por hecho un resultado ajustado. Más de 24 millones de peruanos estaban convocados a las urnas para elegir entre dos proyectos antagónicos: el de Fujimori, que representa a la derecha tradicional, y el de Sánchez, líder de la izquierda progresista.
Voto estratégico contra Fujimori
Una de las claves de esta elección es el fenómeno del voto antifujimorista. Según el politólogo Manuel Camilo González, profesor de Relaciones Internacionales, muchos electores no votan por Sánchez por convicción, sino como estrategia para impedir el retorno al poder de Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori. «Es un síntoma de una profunda división política que persiste en Perú», explicó González en declaraciones a France 24.
Muchos de los votantes ‘antifujimoristas’ en Perú no toman una decisión basada en quién es su candidato favorito, sino que ejercen un voto estratégico para evitar que la derechista Keiko Fujimori llegue al poder.
Esta dinámica podría beneficiar a Sánchez si el voto útil se consolida, pero el escenario de empate técnico hace que cualquier proyección sea incierta. La incertidumbre se prolongará hasta que las autoridades electorales peruanas completen el conteo oficial.
El resultado del balotaje tendrá implicaciones para el equilibrio regional y para las relaciones con España, dado que Perú es un socio comercial y diplomático relevante en Iberoamérica. La resolución del suspenso se espera en los próximos días, con un país polarizado que observa cada voto.




