El Pleno del Senado de Estados Unidos rechazó este miércoles una resolución de poderes de guerra que pretendía restringir la capacidad del presidente para ordenar ataques contra Irán sin autorización previa del Congreso. La votación, que se saldó con 49 votos a favor frente a 50 en contra, contó con el respaldo del senador demócrata John Fetterman a la postura republicana, lo que resultó decisivo para bloquear la iniciativa.

La resolución, impulsada por sectores progresistas, pretendía obligar al Ejecutivo a obtener el visto bueno del Legislativo antes de emprender cualquier operación militar de envergadura contra la República Islámica. La derrota supone un espaldarazo a la línea dura de la Administración de Donald Trump, que ha intensificado la presión sobre Teherán en las últimas semanas con el envío de efectivos adicionales al Golfo Pérsico y nuevas sanciones económicas.

La postura de Fetterman, oriundo del estado clave de Pensilvania, subraya la división interna en el partido demócrata sobre la política exterior en Oriente Medio. Mientras que el ala más izquierdista aboga por la desescalada y la vuelta a la vía diplomática, un sector moderado se alinea con la estrategia de presión máxima de la Casa Blanca. La votación refleja así un apoyo bipartidista a la prerrogativa ejecutiva en materia de seguridad nacional, en un escenario de creciente tensión en la región.

Analistas consultados por agencias internacionales consideran que el rechazo a la resolución allana el camino para una posible escalada militar contra Irán. Sin embargo, también advierten que cualquier ataque requeriría una justificación sólida y un cálculo político cuidadoso de cara a las elecciones legislativas de noviembre. El Senado, controlado por los republicanos, ha mostrado con esta votación que no pondrá trabas a la acción militar siempre que el presidente la defienda como necesaria para la defensa nacional.

La resolución derrotada era una de las varias iniciativas legislativas presentadas en los últimos meses para frenar lo que algunos congresistas consideran una deriva belicista. Su fracaso deja sin herramientas al Congreso para limitar el margen de maniobra militar del presidente en un momento de máxima efervescencia geopolítica.