El primer ministro británico, Keir Starmer, ha presentado este lunes un ambicioso Plan de Inversión en Defensa que eleva de forma sustancial el gasto militar del Reino Unido, con un énfasis especial en la modernización de la Royal Navy y el desarrollo de sistemas no tripulados. El plan, enmarcado en un entorno internacional que el Gobierno describe como «más peligroso y volátil que en décadas pasadas», busca reforzar las capacidades navales y cubrir brechas de seguridad en un contexto de tensiones globales y cambios en la postura de Estados Unidos dentro de la OTAN.

Según fuentes oficiales, la inversión se destinará prioritariamente a la adquisición de drones navales y sistemas autónomos, así como a la actualización de la flota de superficie y submarina. Aunque no se ha especificado el monto exacto del aumento presupuestario, el Ejecutivo lo ha calificado de «sustancial» y lo ha vinculado a la necesidad de mantener la disuasión en un escenario de creciente competencia estratégica.

Un giro en la estrategia naval británica

El plan supone un cambio de rumbo respecto a los recortes anteriores en la Royal Navy, que durante años había visto reducido su número de buques. La apuesta por sistemas no tripulados responde a la voluntad de proyectar poder a menor coste y con menos riesgo para las tripulaciones, según analistas militares. El Reino Unido busca así mantener su estatus de potencia naval de referencia en el flanco norte de la OTAN, especialmente ante el refuerzo ruso en el Ártico y el Atlántico Norte.

La medida ha sido bien recibida por la industria de Defensa británica, que prevé un impulso en la contratación de programas de drones como el Mojave o el futuro sistema no tripulado embarcado. Además, se espera que la decisión tenga repercusiones en la cooperación con aliados europeos, incluida España, que mantiene programas conjuntos con el Reino Unido en el ámbito de los vehículos aéreos no tripulados.