El opositor camerunés Aboubakar Ousmane Mey ha asegurado en una entrevista que el presidente Paul Biya, de 93 años y en el poder desde 1982, «existe físicamente pero ya no dirige» el país. La declaración del detenido durante las presidenciales de octubre pasado reaviva el debate sobre la gobernanza en Camerún, un país clave para la estabilidad regional del Sahel y con creciente relevancia para los intereses españoles en África.

Una crisis de liderazgo en el corazón de África

Mey, que fue puesto en libertad después de aquel arresto, denuncia que Biya ha delegado el control efectivo del Estado en un círculo reducido de allegados, lo que explicaría la parálisis en la toma de decisiones ante conflictos como la guerra separatista en las regiones anglófonas y la amenaza yihadista en el extremo norte. «Paul Biya existe sur le plan physique mais ne dirige plus», afirmó el opositor, en una frase que circula ampliamente en los medios africanos.

Camerún arrastra desde 2016 una crisis política y de seguridad que ha provocado más de 6.000 muertos y un millón de desplazados, según datos de la ONU. La comunidad internacional, incluida la Unión Europea, ha instado repetidamente a Biya a emprender reformas democráticas y a abordar la sucesión presidencial, sin éxito hasta ahora.

Relevancia para España

La situación camerunesa interesa directamente a España por varios motivos. El país africano es un socio estratégico en la lucha contra la inmigración irregular: desde sus costas parten numerosas embarcaciones hacia Canarias, y Madrid ha firmado acuerdos de cooperación policial y de repatriación con Yaundé. Además, Camerún compite con Francia por la influencia económica en la región, y España busca aumentar su presencia comercial y diplomática para contrarrestar el peso histórico galo.

Aboubakar Ousmane Mey, líder del Movimiento por la Reconstrucción Nacional (MORENA), insiste en que es necesario un cambio de régimen para garantizar la estabilidad. «No podemos seguir con un presidente ausente mientras el país se desangra», declaró. Las próximas elecciones legislativas y municipales, previstas para 2027, se perfilan como una prueba de fuego para el sistema político camerunés.