El portaaviones estadounidense USS Gerald R. Ford, el buque de guerra más grande del mundo, regresa este sábado a su base en Norfolk (Virginia) tras un despliegue de 11 meses que lo ha inscrito en los libros de historia naval, según ha informado la Armada de Estados Unidos.
El regreso del Ford supone la culminación de una misión prolongada en la que el portaaviones ha operado en el Atlántico y el Mediterráneo, demostrando su capacidad de proyección de poder naval sostenido. La Armada ha destacado que el despliegue supera en duración a cualquier otro realizado por un portaaviones de la clase Gerald R. Ford, lo que confirma la fiabilidad de los nuevos sistemas de propulsión y lanzamiento electromagnético.
Durante estos meses, el buque ha participado en ejercicios combinados con aliados de la OTAN y ha realizado misiones de presencia avanzada en el flanco sur de Europa, en un contexto de tensión en el Mediterráneo Oriental. El Ford ha embarcado a más de 5.000 efectivos y ha lanzado miles de salidas aéreas con sus cazas F/A-18 Super Hornet.
El regreso a casa se produce tres meses antes de lo previsto inicialmente, según fuentes del Pentágono, aunque la Armada no ha detallado las razones del acortamiento. Algunos analistas apuntan a la necesidad de realizar trabajos de mantenimiento programados o a una redistribución de la flota en el Atlántico.
Con este despliegue, el USS Gerald R. Ford consolida su papel como pilar de la estrategia naval estadounidense, en un momento en que la Armada busca demostrar la madurez operativa de su nueva generación de portaaviones, tras años de problemas técnicos en los sistemas de catapulta electromagnética.




