La Comisión Europea ha rebajado drásticamente sus previsiones de crecimiento para Alemania en 2026, reduciéndolas a la mitad respecto a sus estimaciones anteriores. El recorte, anunciado el 21 de mayo, responde al impacto económico del conflicto bélico entre Irán y las potencias occidentales, que está lastrando la actividad industrial y las exportaciones del principal motor económico europeo.

El Ejecutivo comunitario atribuye la rebaja a la incertidumbre generada por la guerra y a las consiguientes perturbaciones en las cadenas de suministro energético y de materias primas. Alemania, fuertemente dependiente de las importaciones de gas y petróleo para su industria manufacturera, se ha visto especialmente afectada por el alza de los precios energéticos desde el inicio del conflicto.

Las perspectivas para el conjunto de la eurozona tampoco son halagüeñas. Bruselas ha señalado que el crecimiento del bloque será significativamente inferior a lo proyectado a principios de año, aunque no ha precisado la nueva cifra agregada. La revisión a la baja se produce después de que el PIB alemán ya registrara una contracción técnica en el primer trimestre de 2026, según datos de la Oficina Federal de Estadística.

La decisión de la Comisión Europea llega en un momento en que los ministros de Economía de la UE discuten nuevas medidas de apoyo para amortiguar el impacto del conflicto iraní sobre el tejido productivo. El comisario de Economía, Paolo Gentiloni, declaró la semana pasada que «la guerra está pasando factura a la economía europea, y Alemania es el caso más visible».

Para España, la rebaja alemana tiene implicaciones directas: la debilidad del principal socio comercial europeo podría frenar las exportaciones españolas de bienes de equipo y automóviles, sectores especialmente vinculados al ciclo industrial germano. El Gobierno español, que presentará sus proyecciones macroeconómicas revisadas en las próximas semanas, sigue de cerca la evolución del conflicto, aunque no se han anunciado medidas concretas hasta la fecha.