La Copa del Mundo de fútbol que se celebra este mes en Estados Unidos, México y Canadá está siendo la más costosa de la historia, con una inversión en infraestructuras, seguridad y organización que supera todas las ediciones anteriores. Mientras los turistas llenan los estadios y las ciudades anfitrionas, los beneficios económicos se reparten de forma desigual entre los distintos sectores implicados, según analistas del sector turístico y financiero.

Turismo y grandes marcas, los grandes beneficiados

Los sectores que más se benefician del torneo son el turismo y las marcas deportivas, que registran altos rendimientos gracias al aluvión de visitantes internacionales. Hoteles, aerolíneas y empresas de alquiler de vehículos han disparado sus ingresos, especialmente en las ciudades sede como Nueva York, Los Ángeles, Ciudad de México y Toronto, que concentran la mayor parte de los flujos turísticos. Las marcas patrocinadoras también aprovechan la visibilidad global del evento para lanzar campañas de gran impacto.

Sin embargo, otros rubros no corren la misma suerte. El sector de las apuestas deportivas, que había crecido de forma exponencial en la región, se enfrenta a restricciones regulatorias que limitan su actividad durante el torneo. La construcción, que impulsó las obras de los estadios y las infraestructuras asociadas, ve ahora cómo la demanda se contrae una vez finalizados los proyectos más urgentes. Varios clubes de fútbol locales, especialmente en México y Estados Unidos, han visto cómo sus ingresos por taquilla y derechos de retransmisión se reducen debido a la competencia directa del Mundial.

Los aficionados, los grandes perdedores

Los aficionados son los que se llevan la peor parte, pagando por ver un mundial que se encareció a la potencia y dejó por fuera a quien no puede costearlo.

El precio de las entradas, los vuelos y el alojamiento se ha disparado, excluyendo a buena parte de los seguidores con menor poder adquisitivo. El coste medio de una entrada para la fase de grupos supera los 400 dólares (unos 370 euros), mientras que los paquetes turísticos oficiales pueden alcanzar varios miles de dólares. Este fenómeno ha generado críticas entre las asociaciones de aficionados, que denuncian la elitización del evento.

El impacto total del Mundial en las economías de los tres países anfitriones aún no se ha cuantificado, pero las estimaciones preliminares apuntan a un efecto neto positivo para el turismo y el consumo, aunque concentrado en las grandes ciudades y las empresas mejor posicionadas. Para España, competidora directa en el mercado turístico global, el mensaje es claro: los grandes eventos deportivos generan flujos masivos de visitantes que pueden desviar la demanda de destinos tradicionales hacia los organizadores, según advierten fuentes del sector turístico español.