El Mundial de fútbol más ambicioso de la historia arranca este jueves 11 de junio en el Estadio Azteca de Ciudad de México, con un torneo que reúne a 48 selecciones —catorce más que en Catar 2022— y que se disputará en tres sedes: Estados Unidos, México y Canadá. El torneo, el primero con tres países anfitriones, prevé un total de 104 partidos a lo largo de un mes, en un formato ampliado que multiplica los encuentros respecto a los 64 de la edición anterior.

Las cifras del torneo más grande

La FIFA decidió en 2017 expandir el torneo de 32 a 48 equipos, una medida que ha disparado los costes organizativos y las expectativas económicas. Según datos de la propia organización, se estima que el impacto económico conjunto de los tres países anfitriones rondará los 10.000 millones de euros en ingresos directos e indirectos, principalmente por turismo, patrocinios y derechos de televisión. Sin embargo, la ampliación también ha generado críticas por la saturación del calendario y la fatiga de los jugadores.

La organización del torneo no ha estado exenta de polémica. En los meses previos, se han denunciado irregularidades en la concesión de contratos de infraestructura, especialmente en Estados Unidos, y organizaciones de derechos humanos han señalado condiciones laborales precarias en la construcción de estadios y alojamientos temporales. Además, sindicatos de México han anunciado posibles movilizaciones coincidiendo con el inicio del torneo para reclamar mejoras salariales.

La Copa del Mundo más ambiciosa de todos los tiempos

arranca con un ambiente de expectación y controversia a partes iguales, según la prensa internacional.

Una oportunidad para la proyección internacional

Para España, que no participa en el torneo al no haberse clasificado tras caer en la repesca europea, el Mundial supone una ventana de oportunidad comercial. Empresas españolas como Repsol, Telefónica y algunas constructoras tienen presencia en los tres países anfitriones, y el evento puede servir para reactivar acuerdos de patrocinio y contratos de obra pública. La selección española, ausente por primera vez desde 1974, deja un vacío de representación que se notará en los bares y peñas, pero no en los negocios vinculados al deporte.

La FIFA, por su parte, ha destacado que el torneo de 2026 marca un hito en la historia del deporte rey. «Este Mundial es un paso adelante en la globalización del fútbol, con más países y más aficionados que nunca», declaró el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en la rueda de prensa previa al partido inaugural. Pero las sombras de la corrupción que han perseguido al organismo en los últimos años siguen presentes. El torneo se celebra mientras la justicia suiza investiga aún los procesos de adjudicación de los Mundiales de 2018 y 2022, y varios exdirectivos de la FIFA están pendientes de extradición.

En el plano deportivo, el partido inaugural enfrenta a la selección mexicana ante un combinado aún por confirmar, en un duelo que marcará el pistoletazo de salida de un mes de competición. Con el Estadio Azteca como escenario —el mismo que vio las finales de 1970 y 1986—, el torneo busca reconciliarse con el público tras las sombras de Catar 2022, donde las críticas por los derechos humanos empañaron el espectáculo.

Los próximos 30 días dirán si el fútbol logra, una vez más, imponerse a la polémica. De momento, el balón rueda y las cámaras apuntan al norte del continente.