Las autoridades británicas han solicitado calma este martes 9 de junio después de que grupos y figuras de extrema derecha convocaran manifestaciones antiinmigrantes en todo el Reino Unido para condenar un intento de degollamiento ocurrido en Belfast, Irlanda del Norte. El suceso ha reavivado el debate migratorio en el país y genera preocupación por un posible contagio en el resto de Europa.

Ataque con cuchillo y detención de un sudanés

El brutal ataque, que tuvo lugar el pasado fin de semana, se saldó con la detención de un ciudadano sudanés como principal sospechoso. Según fuentes policiales, el agresor intentó degollar a su víctima en plena vía pública, lo que provocó una fuerte conmoción en la comunidad local. La rápida intervención de los agentes evitó una tragedia mayor, pero la noticia se ha difundido rápidamente a través de redes sociales y ha sido aprovechada por sectores ultraderechistas para avivar el discurso xenófobo.

Las manifestaciones convocadas, que se espera que tengan lugar en varias ciudades del Reino Unido durante los próximos días, han sido calificadas por las autoridades como un intento de socavar la convivencia y de politizar un hecho delictivo aislado. El Gobierno británico ha hecho un llamamiento a la serenidad y ha recordado que la justicia actuará con todo el peso de la ley contra el agresor.

El caso Nowak caldea el ambiente migratorio

La tensión en materia migratoria ya se había incrementado en las últimas semanas a raíz del caso de Henry Nowak, un joven británico que falleció después de ser apuñalado por un sij en un incidente separado y que, posteriormente, murió esposado ante la Policía. La muerte de Nowak ha sido utilizada por la extrema derecha como un símbolo de la supuesta inseguridad generada por la inmigración, pese a que las investigaciones apuntan a un hecho puntual sin relación con motivaciones étnicas o religiosas.

La combinación de ambos sucesos ha creado un caldo de cultivo para el discurso antiinmigrante, que encuentra eco en sectores de la población que ya mostraban recelo ante el aumento de la inmigración irregular en el Reino Unido en los últimos años.

Las autoridades británicas han reforzado la presencia policial en las zonas donde se han convocado las protestas y han advertido de que no tolerarán actos violentos ni discursos de odio. Mientras tanto, organizaciones de derechos humanos han expresado su preocupación por el posible impacto que esta escalada de tensión pueda tener en la comunidad inmigrante, especialmente en un momento en el que el debate migratorio se ha endurecido en toda Europa.