El Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB) ha anunciado este martes el descubrimiento de una operación de espionaje llevada a cabo por servicios de inteligencia occidentales, que utilizaban malware instalado en los teléfonos inteligentes de altos funcionarios rusos. El objetivo, según la inteligencia rusa, era extraer datos clasificados, intervenir conversaciones y realizar una vigilancia encubierta de la situación política y militar del país.
El organismo de seguridad no precisó el número de dispositivos infectados ni la identidad de los funcionarios afectados, pero calificó la operación como un ataque a la seguridad nacional. «El FSB ha destapado una operación de espionaje extranjera que utilizaba software malicioso en los teléfonos de altos cargos rusos», señaló la agencia en un comunicado recogido por medios locales.
Un nuevo episodio en la guerra cibernética entre Rusia y Occidente
Este incidente se produce en un contexto de máxima tensión entre Moscú y la OTAN, con acusaciones cruzadas de ciberataques y espionaje. En los últimos meses, Rusia ha denunciado en repetidas ocasiones un aumento de las actividades de los servicios secretos occidentales en su territorio, especialmente tras el estallido del conflicto en Ucrania. El Kremlin ha reforzado sus medidas de ciberseguridad, pero el hallazgo del FSB demuestra la persistencia de las amenazas.
«La operación revela hasta dónde están dispuestos a llegar los servicios occidentales para obtener información sensible», declaró una fuente del FSB citada por la agencia Sputnik. «Hemos identificado los vectores de infección y tomado medidas para neutralizar la amenaza», añadió, sin ofrecer más detalles sobre los responsables concretos.
Implicaciones diplomáticas
El descubrimiento podría agravar aún más las relaciones entre Rusia y los países de la OTAN, que ya atraviesan su peor momento desde la Guerra Fría. Moscú considera este tipo de operaciones como una injerencia directa en sus asuntos internos y una violación de la soberanía nacional. No se descarta que el FSB eleve el caso a nivel diplomático o incluso que emprenda acciones legales contra los implicados, aunque por ahora no se han identificado públicamente a los servicios de inteligencia responsables.
Analistas consultados señalan que el uso de malware en dispositivos móviles es una táctica habitual en el ciberespionaje, pero que el hecho de que haya sido detectado en teléfonos de altos cargos subraya la vulnerabilidad de las comunicaciones gubernamentales. El FSB ha instado a todos los funcionarios a extremar las precauciones y a someter sus dispositivos a revisiones periódicas de seguridad.




