El FBI, agencia de inteligencia y seguridad interior de Estados Unidos, ha solicitado al Congreso 7 millones de dólares para implementar un sistema de marcas de agua digitales que permita rastrear el origen de filtraciones internas y monitorizar a sus empleados. La partida aparece recogida en la solicitud de presupuesto para el año fiscal 2027, presentada en marzo pasado.

Según el documento, la tecnología consiste en incrustar marcadores forenses únicos —visibles u ocultos— en correos electrónicos y archivos de uso común en las redes clasificadas y no clasificadas del Buró. De este modo, si un documento es filtrado a través de capturas de pantalla, fotografía u otros medios no convencionales, la marca de agua permite identificar al empleado o grupo de empleados responsable.

La iniciativa responde a la necesidad de mitigar las divulgaciones no autorizadas de información sensible, un problema recurrente en las agencias de inteligencia estadounidenses. El presupuesto presentado por el FBI subraya que la solución de marcas de agua digitales podrá atribuir la filtración incluso cuando el archivo haya sido fotografiado en pantalla, algo que los sistemas de seguridad tradicionales no detectan.

El plan forma parte de un apartado titulado «Transparencia de las capacidades de seguimiento», que detalla las herramientas internas de control de personal. Aunque la agencia no ha precisado el calendario de despliegue, la asignación de 7 millones de dólares sugiere una implantación progresiva durante el próximo ejercicio fiscal.

Críticos de la medida han señalado que el control sobre los empleados podría vulnerar derechos de privacidad en el ámbito laboral, especialmente en un contexto donde las filtraciones han sido históricamente tratadas con sanciones severas. El FBI, por su parte, defiende que la tecnología es estrictamente forense y no implica vigilancia continua de las comunicaciones.