El ataque militar de Estados Unidos e Israel contra Irán del pasado 28 de febrero ha intensificado el debate sobre la viabilidad del petrodólar, el sistema que sostiene la hegemonía financiera de Washington. Desde entonces, el número de artículos que anuncian la muerte del petrodólar se ha multiplicado, según analistas financieros y geopolíticos citados por diversos medios internacionales.

La guerra ha disparado los precios del crudo y ha elevado la rentabilidad de los bonos estadounidenses, dos variables que erosionan el pilar del sistema petrolero-dólar. Pero, según los expertos, este conflicto no ha roto el petrodólar, sino que ha acelerado una tendencia previa: la transición hacia un sistema financiero multipolar.

El temor a una escalada regional ha llevado a varios países, especialmente a China, Rusia y las naciones del Golfo, a buscar alternativas al dólar en el comercio de energía. El yuan chino y otras monedas han ganado terreno en los contratos petroleros, mientras los bancos centrales diversifican sus reservas. La cuestión clave es si el ataque a Irán ha sido el detonante definitivo o un acicate más en un proceso que lleva años gestándose.

Fuentes del mercado de materias primas señalaron que el 15 de mayo el precio del barril de Brent rozó los 95 dólares, una cota no vista desde 2022. Al mismo tiempo, el rendimiento del bono estadounidense a diez años superó el 4,8%, reflejando la desconfianza de los inversores en la estabilidad global. El impacto en la confianza inversora es palpable, pero los analistas advierten de que el petrodólar no desaparecerá de la noche a la mañana.

El ataque, que según fuentes oficiales causó daños significativos en infraestructuras energéticas iraníes, ha provocado un repunte del oro y las criptomonedas como cobertura frente al riesgo geopolítico. Mientras tanto, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) mantiene contactos de emergencia para estabilizar el mercado, según comunicados de la organización.