La escalada bélica en Oriente Medio, marcada por el bloqueo del estrecho de Ormuz y la consiguiente subida del precio de los hidrocarburos, ha puesto al descubierto las debilidades estructurales de la economía de Egipto, un país cuyo tejido productivo está dominado por el Ejército y carece de una base industrial sólida, según analistas y medios internacionales.
La economía egipcia, dirigida por el presidente Abdelfatah al Sisi, depende en gran medida del turismo, un sector particularmente vulnerable a la inestabilidad regional. A ello se suma el control estatal y militar de amplias franjas de la actividad económica, lo que reduce la competitividad y la capacidad de adaptación del país. La falta de una industria manufacturera diversificada agrava la situación, dejando a Egipto expuesto a los vaivenes geopolíticos y a la volatilidad de los mercados energéticos.
Dependencia energética y turística
Egipto, pese a ser un productor de gas, no es autosuficiente en hidrocarburos y se ve afectado por el encarecimiento global del petróleo. El turismo, que representa una fuente clave de divisas, ha sufrido golpes recurrentes desde la Primavera Árabe, y la nueva crisis amenaza con frenar la incipiente recuperación. Según fuentes del Banco Central egipcio, las reservas de divisas se han reducido en las últimas semanas, aunque no se han precisado cifras.
Un modelo económico cuestionado
El predominio de empresas controladas por las Fuerzas Armadas en sectores como la construcción, la agricultura o los servicios ha sido criticado por organismos internacionales, que señalan que ahoga la iniciativa privada y desincentiva la inversión extranjera. La guerra actual, al exacerbar las tensiones financieras, podría obligar a El Cairo a buscar nuevos préstamos del FMI o de aliados del Golfo, aumentando su dependencia exterior.
La ausencia de una verdadera base industrial y la excesiva dependencia del turismo convierten a Egipto en uno de los países más vulnerables de la región ante cualquier choque externo, según coinciden analistas consultados por la prensa francesa.
Las autoridades egipcias han tratado de mostrar calma, pero la realidad es que la economía se enfrenta a un escenario de inflación creciente, presión sobre la moneda local y déficit fiscal. La crisis de Oriente Medio no ha hecho sino agravar un panorama ya de por sí delicado, que afecta también a otras economías de la zona, aunque ninguna con la combinación de fragilidad estructural y control castrense que caracteriza a Egipto.




