El analista de Oriente Medio Khashayar Bourboury ha señalado que las promesas del presidente estadounidense contra Irán deben evaluarse separando la capacidad militar de la voluntad política. En un análisis difundido este jueves, Bourboury subraya que la retórica belicista de Washington no siempre se traduce en acciones sobre el terreno, pese al poderío militar disponible.

Los observadores deben distinguir entre la capacidad militar y la voluntad política al evaluar las promesas del presidente estadounidense.

Según el experto, Estados Unidos dispone de un poderío militar innegable que podría emplear contra objetivos iraníes, pero la decisión de hacerlo depende de factores políticos internos y externos. La comunidad internacional, incluidos aliados europeos y asiáticos, presiona para evitar una escalada regional que desestabilice el golfo Pérsico. Además, Irán ha reforzado sus defensas aéreas y su capacidad de misiles, lo que eleva el coste de cualquier intervención, mientras que sus aliados regionales, como las milicias en Irak y Siria, podrían responder asimétricamente.

Lecciones de conflictos pasados

Bourboury recuerda que, en conflictos anteriores como Irak o Afganistán, la superioridad militar estadounidense no garantizó el éxito político. La guerra de desgaste, las bajas civiles y el coste económico son elementos que los estrategas de la Casa Blanca sopesan antes de lanzar una ofensiva de gran envergadura. La administración mantiene un tono agresivo contra el programa nuclear iraní y su influencia en Oriente Medio, pero la presión doméstica y los escenarios electorales complican cualquier decisión de ataque. Sin un consenso interno sólido y el respaldo de aliados clave, las amenazas difícilmente se materializarán en una guerra abierta, concluye el análisis.