La competición espacial entre Estados Unidos y China ha dado un nuevo paso en su escalada retórica. Un informe publicado el 21 de mayo de 2026 por el Mitchell Institute, un think tank cercano a la Fuerza Aérea estadounidense, sostiene que Washington debe priorizar la presencia humana en la superficie lunar para contrarrestar el avance del programa espacial tripulado de Pekín, liderado por los militares chinos.
El informe, titulado «Boots on the Moon», argumenta que el programa Artemis de la NASA, cuyo objetivo es devolver astronautas a la Luna, debe acelerarse y reforzarse para evitar que la República Popular logre una ventaja estratégica permanente. Según los autores, la progresión de los vuelos espaciales tripulados chinos está diseñada para otorgar al Ejército Popular de Liberación (EPL) un dominio sobre el acceso, la infraestructura y los recursos lunares.
Un desafío directo a la seguridad nacional
El informe vincula directamente la exploración lunar con la seguridad nacional de Estados Unidos. Para el Mitchell Institute, el carácter militar del programa espacial chino supone una amenaza existencial a largo plazo. «La seguridad espacial futura de EE.UU. está en riesgo», afirma el documento, que subraya que China no solo busca presencia científica, sino capacidad de proyección de poder.
La progresión de vuelos espaciales tripulados liderados por militares de China está posicionando al Ejército Popular de Liberación para lograr una ventaja estratégica en el acceso, la infraestructura y los recursos lunares.
Kyle Puma, investigador principal del centro para estudios espaciales y coautor del informe, declaró que la estrategia estadounidense debe basarse en «disuasión por presencia». Según Puma, situar astronautas de forma continua en la Luna es la única forma de evitar que China reclame derechos exclusivos sobre zonas clave, como los polos, donde se concentran los depósitos de agua helada.
La respuesta de Pekín
China ha avanzado de forma constante en su programa lunar tripulado. Pekín ya ha confirmado planes para enviar astronautas a la superficie antes de 2030, y ha establecido acuerdos con Rusia y otros países para construir una estación de investigación en el polo sur lunar. El gobierno chino insiste en que su programa espacial tiene fines pacíficos, pero rechaza cualquier intento de exclusión liderado por Washington.
El informe del Mitchell Institute se suma a la creciente presión dentro del círculo de defensa estadounidense para que el Congreso asigne partidas extra al programa Artemis, cuyo presupuesto ya supera los 93.000 millones de dólares en proyecciones hasta 2025. La competencia por la Luna, advierten los analistas, no es solo una carrera tecnológica, sino un pulso geopolítico con implicaciones militares directas.




