Estados Unidos ha anunciado la retirada de aviones de combate, destructores y submarinos del despliegue de la OTAN en Europa, en el marco de una reorientación estratégica hacia otras regiones, según ha explicado Jennifer Kavanagh, directora de análisis militar del centro de estudios Defense Priorities, con sede en Washington.
La medida, comunicada este 27 de mayo de 2026, supone un adelgazamiento significativo de la presencia militar estadounidense en el continente europeo. Kavanagh ha advertido de que las reducciones crearán «brechas» en la defensa aliada que deberán ser cubiertas por los miembros europeos de la Alianza.
Un giro hacia el Indo-Pacífico
El repliegue se enmarca en la estrategia del Pentágono de concentrar recursos en la región del Indo-Pacífico, donde la competencia con China se ha intensificado. Aunque el comunicado oficial no detalla el número exacto de unidades retiradas, fuentes del Departamento de Defensa consultadas por Defense Priorities confirman que se verán afectados varios escuadrones de cazas, destructores de la clase Arleigh Burke y al menos un submarino de ataque de la clase Virginia.
«Las reducciones crearían brechas en la cobertura aliada durante el tiempo necesario para redistribuir los activos o para que los europeos aumenten su propia capacidad», ha declarado Kavanagh. «El riesgo es que Rusia perciba estas carencias como ventanas de oportunidad», añade.
Reacciones en Bruselas
La OTAN ha señalado que la decisión era esperada tras los debates estratégicos mantenidos en las últimas cumbres. «Estados Unidos sigue siendo un aliado comprometido, pero la defensa europea debe asumir mayor responsabilidad», ha indicado un portavoz de la Alianza. Bruselas estudia ahora un plan para reforzar sus capacidades navales y aéreas a medio plazo, con el objetivo de cubrir los huecos que deje la salida estadounidense.
Analistas militares consultados señalan que la retirada, aunque significativa, no supone un abandono de la seguridad europea, sino un reequilibrio de cargas. Sin embargo, alertan de que el proceso podría prolongarse varios años y que, mientras tanto, la disuasión frente a Moscú podría debilitarse si los aliados europeos no aceleran sus inversiones en defensa.




