El Gobierno federal de Estados Unidos ha recaudado 4.000 millones de dólares en bonos de arrendamiento en una subasta de derechos de explotación de petróleo y gas en la Cuenca Pérmica, según informaron fuentes del sector. La cuantía, correspondiente a la puja celebrada el 21 de mayo de 2026, supone una de las mayores cifras obtenidas en este tipo de procesos y refleja el fuerte dinamismo de la principal cuenca productora del país.

La subasta, gestionada por la Oficina de Gestión de Tierras (BLM, por sus siglas en inglés), atrajo ofertas de múltiples compañías energéticas, tanto nacionales como internacionales, interesadas en asegurar derechos de perforación en la región que abarca el oeste de Texas y el sureste de Nuevo México. El volumen total de los bonos —pagos únicos que las empresas realizan al Estado para obtener el permiso de explotación— duplica el récord anterior de 2.000 millones registrado en 2024.

Según Chris Atherton, analista del sector citado por medios especializados, la cifra demuestra que «el apetito por el crudo estadounidense sigue siendo muy alto» pese a la volatilidad de los precios internacionales. Por su parte, Tim Stewart, presidente de la Asociación de Petróleo y Gas de Estados Unidos (USOGA), calificó la subasta de «rotundo éxito para la seguridad energética del país y para las arcas federales».

Impacto en los ingresos federales

Los 4.000 millones obtenidos se suman a los ingresos por regalías y cánones que el Gobierno percibe una vez que los pozos entran en producción. La Cuenca Pérmica, que genera aproximadamente el 40% de la producción total de crudo de EE.UU., ha experimentado un repunte en la actividad extractiva desde la relajación de las restricciones medioambientales impulsada por la actual Administración. El dinero recaudado se destina al fondo general del Tesoro y, en parte, a programas de conservación de tierras, según establece la legislación vigente.

La subasta llega en un momento en que la producción petrolera estadounidense alcanza máximos históricos, por encima de los 13 millones de barriles diarios, y en el que la demanda global se mantiene estable pese a los esfuerzos de transición energética en Europa y Asia. Expertos del sector advierten, no obstante, de que la elevada dependencia de los ingresos federales del petróleo podría ser un arma de doble filo si los precios caen bruscamente.