El Gobierno de Estados Unidos ha propuesto la creación de un nuevo régimen internacional de control de exportaciones de equipos de fabricación de semiconductores avanzados, con el objetivo de restringir la producción de chips de última generación en China. La iniciativa, que busca coordinar a socios y aliados como Países Bajos, Japón y Corea del Sur, pretende cerrar las brechas que Pekín ha aprovechado para eludir las restricciones unilaterales de Washington.

Coordinación con aliados

Según fuentes del Departamento de Comercio, el nuevo marco iría más allá de las sanciones actuales, que han permitido a China adquirir equipos de litografía avanzada a través de terceros países. La propuesta, presentada el 9 de julio, plantea un sistema de licencias obligatorias y verificación conjunta para la venta de máquinas de fabricación de chips a cualquier destino que pueda reexportarlas a China. Países Bajos, sede de ASML —el mayor fabricante mundial de litografía—, y Japón, con Tokyo Electron, son considerados socios clave para que el plan funcione.

El régimen propuesto no solo afectaría a los equipos más avanzados, sino que también cubriría tecnologías de fabricación de chips de generaciones anteriores, que China utiliza para producir componentes que alimentan desde electrodomésticos hasta sistemas de defensa. La medida busca evitar que Pekín acumule capacidad de producción de semiconductores de nodos maduros, un segmento donde ya domina el mercado global.

Repercusiones para el mercado global

La iniciativa estadounidense tendría un impacto directo en empresas tecnológicas y de defensa españolas como Indra y Telefónica, que dependen de cadenas de suministro globales de chips. Aunque el nuevo régimen no afectaría directamente a sus operaciones, podría encarecer la adquisición de semiconductores avanzados y forzar una reestructuración de los canales de suministro. A nivel internacional, la propuesta llega en un momento en que China ha acelerado sus inversiones en fabricación propia de chips, con el objetivo de reducir su dependencia de tecnología extranjera antes de que finalice la década.

El éxito del plan dependerá de la capacidad de Washington para alinear a sus aliados, algunos de los cuales han mostrado reticencias a endurecer las restricciones por temor a represalias comerciales de Pekín. Fuentes diplomáticas indican que las negociaciones se intensificarán en las próximas semanas, con vistas a alcanzar un acuerdo marco antes de finales de 2026.