Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, está intentando controlar los datos genómicos de patógenos africanos mediante acuerdos sanitarios con varios países del continente. Cinco años después de la pandemia de covid-19, estos pactos han reabierto el debate sobre el reparto de beneficios derivados de la información patógena, considerada un recurso estratégico para la salud global.

Desequilibrio en el acceso a los beneficios

Desde la era post-covid, las negociaciones entre Washington y los gobiernos africanos han permitido a Estados Unidos acceder a datos genómicos de virus y bacterias. Sin embargo, las vacunas desarrolladas a partir de esos datos rara vez llegan a las poblaciones africanas, según ha informado la prensa africana. El control de la información patógena se ha convertido en una herramienta de poder geopolítico.

Los acuerdos, según la misma fuente, otorgan a Estados Unidos un acceso preferente a las muestras y secuencias genéticas, mientras que los países africanos reciben escasa compensación económica o transferencia de tecnología. Esta dinámica ha sido criticada por organizaciones sanitarias y gobiernos africanos, que reclaman un reparto más equitativo de los beneficios.

Implicaciones para la soberanía sanitaria

La cesión de estos datos supone una pérdida de soberanía para África en un ámbito crítico. En los últimos años se ha debatido la necesidad de un marco global que garantice que los países de origen de los patógenos participen en los beneficios de las investigaciones. Sin embargo, los acuerdos bilaterales con Estados Unidos han eludido esos mecanismos multilaterales.

Este movimiento de Washington se enmarca en una competencia estratégica más amplia por la influencia en África. La situación deja a los países africanos en una posición de dependencia, mientras que los laboratorios estadounidenses y las farmacéuticas obtienen los principales beneficios económicos y científicos.