El proyecto de cable submarino Medusa, diseñado para conectar Europa con África a través del Mediterráneo y la fachada atlántica, ha despertado el interés de Estados Unidos, según ha trascendido este martes. Concebido como un «bus de comunicaciones», el cable enlazaría a decenas de países ribereños, entre ellos España y Marruecos.

Una infraestructura estratégica

Medusa responde a la creciente demanda de infraestructuras de red en África. Su trazado, que bordea el Mediterráneo y alcanza la costa atlántica, lo convierte en un activo sensible para la seguridad de las comunicaciones y la competencia geopolítica entre potencias. El consorcio impulsor del proyecto, formado por operadores de telecomunicaciones, aún no ha cerrado la participación de nuevos socios.

El posible interés estadounidense se enmarca en la pugna por el control de los flujos de datos entre ambas orillas del Atlántico. En los últimos años, Washington ha tratado de contrarrestar la influencia de actores como China en el despliegue de cables submarinos en África, donde Pekín financia varias rutas a través de la iniciativa de la Franja y la Ruta.

Implicaciones para España y Marruecos

El cable Medusa afecta directamente a España y Marruecos, dos países con intereses contrapuestos en las comunicaciones regionales. Para Marruecos, supone una oportunidad para convertirse en un hub regional de tránsito de datos, mientras que España busca mantener su posición como puerta de entrada de las telecomunicaciones entre Europa y África.

El proyecto avanza en su fase de financiación y permisos, y podría cambiar el mapa de las telecomunicaciones en el Mediterráneo si logra atraer el respaldo de inversores estadounidenses. No obstante, las negociaciones están en una etapa inicial y el consorcio no ha confirmado ningún acuerdo.