Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos han lanzado este jueves una nueva oleada de ataques contra objetivos militares iraníes y activos marítimos, en una escalada de tensiones que sigue a la declaración del presidente estadounidense, Donald Trump, horas antes, de que el acuerdo de alto el fuego con Teherán quedaba «superado». Los bombardeos suponen un giro hacia una estrategia de presión militar y coercitiva por parte de Washington.
Una semana de tensiones crecientes
Los ataques se producen tras una semana de hostilidades crecientes en la región del Golfo Pérsico. Aunque el canal diplomático entre Estados Unidos e Irán sigue abierto, su capacidad para producir avances a corto plazo es incierta. La nueva ofensiva degradará elementos importantes de las capacidades de Teherán a corto plazo, según el análisis del exdirector de Inteligencia Nacional para Irán en la ODNI, Norm Roule.
Las conversaciones diplomáticas entre Estados Unidos e Irán siguen vivas, pero su utilidad a largo plazo corre cada vez más riesgo.
Trump anunció que el alto el fuego con Irán había quedado «superado», sin precisar los términos de la ruptura. La Casa Blanca no ha confirmado si los ataques de este jueves son el inicio de una campaña sostenida o una acción puntual. Tampoco se ha informado de víctimas ni de daños concretos en las instalaciones atacadas.
Implicaciones globales
La escalada militar entre ambas potencias amenaza con desestabilizar aún más la cuenca del Golfo Pérsico, por donde transita una parte significativa del crudo mundial. Países de la OTAN, entre ellos España con bases en Rota y Morón, siguen de cerca la evolución de los acontecimientos ante el riesgo de un conflicto abierto que afectaría a los precios energéticos y a los despliegues aliados en la región.




