La embajada de Estados Unidos en Venezuela llevó a cabo el 23 de mayo de 2026 un simulacro de evacuación en Caracas que contó con la participación de aeronaves Osprey y personal de los marines. El ejercicio, autorizado por el Gobierno de Nicolás Maduro, fue presentado por Washington como una práctica rutinaria de respuesta rápida, pero ha desatado críticas en sectores chavistas que lo consideran una muestra de injerencia, en un contexto de máxima tensión diplomática tras la captura de Maduro en enero pasado.
Un ejercicio con lecturas opuestas
Fuentes diplomáticas estadounidenses precisaron que el simulacro formaba parte de los protocolos estándar de seguridad para el personal diplomático en el exterior. Sin embargo, la utilización de aeronaves Osprey —capaces de despegar y aterrizar verticalmente— y la presencia de marines en pleno centro de Caracas han sido interpretadas por analistas venezolanos como una señal inequívoca de que Washington evalúa un riesgo inminente para sus funcionarios en el país.
El Gobierno de Venezuela, a través de un comunicado oficial, confirmó que había autorizado el ejercicio y lo calificó de «maniobra bilateral acordada». No obstante, en sectores afines al Ejecutivo chavista no han tardado en surgir voces que denuncian una «nueva provocación imperialista», avivando la tensión política interna.
El simulacro se produce apenas cuatro meses después de la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026 —sobre cuyas circunstancias no hay información oficial detallada—, lo que ha incrementado la percepción de inestabilidad en el país caribeño.




