El Gobierno de Estados Unidos ha anunciado este jueves la imposición de nuevos aranceles a diversas importaciones procedentes de Brasil. La medida, cuya cuantía no ha sido precisada, es el resultado de una investigación de un año sobre las prácticas comerciales brasileñas, que según Washington han resultado ser «inapropiadas o discriminatorias» en algunos sectores.

La decisión llega en un momento de tensión comercial entre ambas economías, las mayores del continente americano. Brasil, uno de los principales socios comerciales de Estados Unidos en la región, exporta al mercado estadounidense productos agrícolas como azúcar, etanol y carne, así como acero y aluminio, sectores que podrían verse afectados por los nuevos gravámenes.

La investigación estadounidense, iniciada en julio de 2025, analizó durante doce meses las barreras comerciales brasileñas, incluyendo subsidios, licencias de importación y estándares técnicos que, según los inspectores de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, perjudican a las empresas norteamericanas. El informe final concluye que varias de esas prácticas son «injustificadas» y constituyen una carga para el comercio bilateral.

Brasil aún no ha anunciado una respuesta oficial, aunque fuentes del Ministerio de Economía brasileño adelantan que podrían recurrir a la Organización Mundial del Comercio (OMC) si consideran que las medidas violan las reglas multilaterales. La semana pasada, el presidente brasileño ya advirtió de que «cualquier barrera injusta será respondida con reciprocidad».

El impacto de los aranceles podría extenderse más allá del comercio bilateral. España, miembro de la Unión Europea, mantiene estrechos vínculos comerciales con Brasil, especialmente en los sectores energético y agroalimentario. Empresas españolas como Repsol, Iberdrola y el grupo agroalimentario Deoleo tienen intereses en el país sudamericano, y una eventual escalada arancelaria podría afectar sus exportaciones a través de efectos indirectos en la cadena de suministro o en la competitividad de los productos brasileños en el mercado global.

La decisión estadounidense se enmarca en una política comercial más agresiva impulsada por la administración de Donald Trump, que desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025 ha priorizado la protección de la industria nacional mediante aranceles y amenazas de sanciones a socios como China, la Unión Europea y ahora Brasil.