El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos ha anunciado este jueves la firma de un contrato por valor de 3,5 billones de dólares con el astillero canadiense Davie Defense para la construcción de cinco rompehielos destinados a la Guardia Costera. El acuerdo, calificado como histórico, busca reforzar la presencia estadounidense en el Ártico, una región donde la competencia estratégica con Rusia y China se ha intensificado en los últimos años.

La decisión supone un giro en la política de adquisiciones navales de Washington, que recurre por primera vez a un astillero extranjero —canadiense, además— para construir buques militares de esta envergadura. Según el comunicado oficial, los nuevos buques permitirán a la Guardia Costera operar durante todo el año en aguas heladas, algo que actualmente solo puede hacer con el USCGC Polar Star, un rompehielos de los años 70 cuya capacidad ha quedado obsoleta.

La batalla por el Ártico

El Ártico se ha convertido en un tablero prioritario para las grandes potencias. Rusia mantiene la flota de rompehielos más grande del mundo, incluyendo barcos de propulsión nuclear, y ha reactivado bases militares soviéticas en su costa ártica. China, por su parte, se autodenomina «Estado cercano al Ártico» y ha invertido en infraestructura polar y en la construcción de su propio rompehielos de investigación.

Estados Unidos, en cambio, ha visto cómo su capacidad se reducía a un solo rompehielos pesado operativo. El Pentágono y la Guardia Costera llevaban años alertando de que la falta de medios compromete la soberanía estadounidense en la región, donde se estima que el deshielo abrirá nuevas rutas comerciales y permitirá la explotación de recursos naturales aún sin explorar.

El contrato con Davie Defense, con sede en Quebec, prevé la entrega del primer buque en 2029 y la finalización de toda la flota en 2034. La opción de recurrir a un constructor canadiense se explica por la experiencia del astillero en la fabricación de rompehielos para la Guardia Costera de Canadá, así como por la saturación de los astilleros estadounidenses, centrados en la construcción de fragatas y destructores de última generación.

El anuncio llega en un momento en que el presidente Trump ha impulsado una doctrina de «paz a través de la fuerza» que incluye un refuerzo masivo del gasto militar, con especial atención a la disuasión en el Ártico. Fuentes del Departamento de Seguridad Nacional citadas por la prensa estadounidense subrayan que estos rompehielos no solo tendrán capacidad para romper hielo, sino que podrán albergar helicópteros y drones, y servir como plataforma para misiones de búsqueda y rescate, vigilancia y control de la contaminación.

La oposición demócrata, sin embargo, ha criticado el elevado coste del contrato y la decisión de adjudicarlo a una empresa extranjera en lugar de invertir en la industria naval estadounidense. El senador Jack Reed, miembro del Comité de Servicios Armados, calificó el acuerdo de «derroche innecesario» y pidió explicaciones sobre la transparencia del proceso de licitación.