La administración estadounidense está evaluando las enseñanzas de las campañas de contrainsurgencia previas en la región del Sahel antes de definir el marco de una posible asociación con las autoridades malienses. El análisis, publicado por la revista Just Security, recuerda que los esfuerzos occidentales anteriores en la zona —incluyendo la operación francesa Barkhane— no lograron contener la expansión de grupos yihadistas ni estabilizar el país.
Washington no puede permitirse descuidar las lecciones de los esfuerzos pasados de contrainsurgencia en el Sahel.
Según el artículo, cualquier intervención o cooperación con la junta militar de Malí debe tener en cuenta los factores que llevaron al fracaso de las misiones anteriores: la falta de comprensión de las dinámicas locales, la corrupción de las fuerzas de seguridad malienses y la debilidad del Estado para prestar servicios básicos a la población.
El escenario tras la retirada francesa
Francia retiró sus tropas de Malí en 2022 tras una década de presencia militar, en medio de un deterioro de las relaciones con la junta gobernante y un aumento de las críticas internas. Desde entonces, Bamako ha buscado apoyos alternativos, estrechando lazos con Rusia a través del grupo Wagner —reconstituido como Cuerpo Africano— y con otros actores regionales.
Estados Unidos había suspendido parte de su cooperación en seguridad con Malí tras el golpe de Estado de 2020, pero el deterioro de la situación de seguridad y la creciente influencia rusa en la región han llevado a Washington a reconsiderar su postura. El análisis de Just Security subraya que una nueva colaboración debería priorizar el fortalecimiento institucional y la rendición de cuentas, en lugar de repetir los errores de intervenciones centradas exclusivamente en la fuerza militar.




